En La Plata. Con la Catedral como fondo, Cafiero se abraza con el ex intendente Alak.
Decidida a cerrar al menos uno de los frentes de roce que mantiene abiertos en la política internacional, Cristina Kirchner propuso a Juan Pablo Cafiero como embajador argentino ante el Vaticano. La designación, que requiere el visto bueno de la Santa Sede, servirá para llenar el vacío que dejó el sindicalista Carlos Custer en enero, cuando regresó a Buenos Aires. Su silla quedó sin ocupante debido a que la Iglesia nunca aceptó la postulación de Alberto Iribarne por su condición de divorciado.
Fuentes de la Casa Rosada y de la Cancillería informaron a Crítica de la Argentina que ayer por la mañana un alto funcionario del Palacio San Martín llevó el nombre de Cafiero a la Nunciatura, la representación diplomática del Papa en el país.
El nuncio, Adriano Bernardini, escuchó la propuesta del Gobierno, que todavía no se transformó en un pedido oficial de plácet, el requisito formal para iniciar el proceso de nombramiento de los embajadores ante cualquier gobierno del mundo. Si llega a ocupar la oficina de la Vía del Banco di Santo Spirito, Cafiero tendrá a su cargo encauzar una de las relaciones más conflictivas de la era K, que tuvo su punto más bajo con una controversia sobre el aborto entre el ex ministro de Salud Ginés González García y el ex obispo castrense Antonio Baseotto.
Cafiero es un peronista que no forma parte del Gobierno pero mantiene una relación excelente con el matrimonio Kirchner, que puede corroborarse con sus no siempre difundidas visitas a la Quinta de Olivos. A principios de esta semana, en una de esas charlas, la Presidenta le hizo el convite que se conoció ayer.
Cafiero comenzó su relación con Cristina en la convención constituyente de 1994, donde los dos ocuparon bancas. La buena sintonía con la familia K se mantuvo incluso durante el paso de Cafiero por el gobierno de la Alianza como ministro de Desarrollo Social: fue el único funcionario importante de la administración delarruista que pisó Santa Cruz, gobernada en aquel entonces por Néstor Kirchner.
El actual funcionario de Daniel Scioli tembién es un viejo conocido de Taiana y del secretario de Culto de la Nación, Guillermo Oliveri, el otro funcionario K que estaba al tanto de la postulación. Con Taiana, Cafiero llegó a compartir el gabinete bonaerense de Felipe Solá. El primero fue secretario de Derechos Humanos mientras que el último era ministro de Seguridad.
En la Iglesia argentina, Cafiero mantiene contactos fuidos con el obispo de San Isidro, Jorge Casaretto, un hombre de mucha confianza con el clan familiar que preside su padre, Antonio. Los Cafiero fueron criados en la jurisdicción que preside el ex titular de Cáritas.
Para decirlo con un lenguaje barrial, el político sanisidrense también tiene bien ordenados los papeles que tanto importan a la jerarquía eclesiástica y que dejaron fuera de carrera a su antecesor frustrado: está casado y tiene cuatro hijos.
En el nombre del padre (Antonio)
La probable llegada de Juan Pablo Cafiero al Vaticano tiene un antecedente histórico-familiar. En 1976, su padre Antonio fue designado embajador argentino ante la Santa Sede por Isabel Perón. El hombre, que había sido ministro de Economía de ese gobierno, llegó a Roma para asumir su cargo. Nunca pudo ocuparlo: el 24 de marzo de aquel año, el golpe militar lo dejó sin nada.