Cristian Maldonado
23.09.2008
“La pobreza es una forma de holocausto”, dice de modo categórico Salvador Treber, y asegura que para redistribuir la riqueza es indispensable llevar a cabo una reforma tributaria. El hombre no toca de oído: no es sólo una especie de prócer en Córdoba sino uno de los economistas más reconocidos del país y uno de los mayores expertos en asuntos tributarios. También fue director del Banco Central de 1985 a 1986 y en 2001 tuvo un papel destacado en la elaboración del Plan Fénix. Docente desde hace más de 50 años, días atrás sus alumnos de posgrado pidieron que continuara dando clases. Sin que diga nada, se advierte que eso le gustó. Otras veces sus alumnos le dieron buenos dolores de cabeza. Entre los miles de estudiantes que tuvo, figuran Roque Fernández, Juan Schiaretti y Domingo Felipe Cavallo, sobre quien nos ha dicho alguna vez que cuando que se lo recuerdan es como si le “pisaran un callo”.
–¿Qué le pareció la decisión de cancelar la deuda con el Club de París?
–Creo que es correcta porque no había otra alternativa. Esa deuda tiene su origen más de 25 años atrás. Quedó en default. De eso, el 65% está vencido. Pero de acuerdo con el reglamento, que no van a cambiar por la Argentina obviamente, toda renovación tiene que someterse a una auditoría y al monitoreo permanente del Fondo Monetario. Entonces había una imposibilidad de ambos lados. El Gobierno había cancelado con el Fondo en enero de 2005 para evitar esa auditoría, que hubiera llevado fatalmente a un programa ortodoxo de recesión, en función de convertir la inflación por riesgo de una contracción de la economía. Era un diálogo entre sordos, que felizmente terminó. Y esto no afecta las reservas que respaldan las bases monetarias. Son realmente reservas de libre disponibilidad, así que me parece que han hecho bien, porque la deuda es pequeña pero traba todo circuito de inversión o de préstamos o de radicación de los 19 países más poderosos del mundo.
–¿Y los “holdouts”?
–Bueno, otra cosa son los “holdouts”, que son los títulos que hoy ya no están en los bonistas, sino que han sido adquiridos por un par de fondos buitres, que operan a través de un Grupo de Tareas para la Argentina y tratan de forzar a que la Argentina los reconozca. Éstos no traban las operaciones, en general.
–¿Cuál es la situación real de la deuda externa?
–Una parte se la paga con superávit primario, pero otra parte no alcanza, y eso se debería renovar en el mercado internacional. Por eso lo del Club de París. Como el año que viene los compromisos son bastante superiores a los de 2008, es bueno que se hayan preparado. Al fin tomaron una medida pensando en el año que viene. Tan es así que los peores detractores que anunciaban que no se llegaba a fin de año, ahora ya dicen que 2009 se va a superar, pero que en 2010…
–De acuerdo con algunas calificadoras y el Banco Central español las cuentas de la Argentina están en amarillo. ¿Coincide?
–Mire, yo le tengo más confianza a la CEPAL. Los otros son sectores financieros con intereses. Si los fondos buitres tienen una acreencia que estiman en 28 mil millones de dólares, eso es lo que le reclaman a la Argentina (y recuerde que ellos lo compraron por chauchas y palitos). Bueno, para concretarlo, qué les importa gastar 1.000 millones en publicidad, en rumores, en medios. Dos representantes de los Estados Unidos en las Naciones Unidas han sido contratados para dirigir el Grupo de Tareas contra la Argentina para obligarla a que reconozca esta deuda. Así que yo huelo a quemado. Mi experiencia de vida me dice que esos datos no son serios. Ni el Banco Mundial dice eso, ni el Fondo se animó a decir eso. Y la CEPAL, que me merece mucha más confianza, tampoco dice eso. En su último informe, que proyecta 2008 y 2009, con toda la moderación que le es propia, para la Argentina dice que este año la tasa de crecimiento va a ser del 7%. Y el año que viene del cinco. De ahí al default y al Apocalipsis hay una distancia muy grande. Ahora, lo que no comprendo es cómo el Gobierno no usa el informe de la CEPAL para pinchar los globos que andan circulando. Pero son tan torpes, tan brutos en materia comunicacional, que ese informe les pasa por delante de las narices y no lo usan.
FEDERALISMO Y DEMAGOGIA. –¿Usted acusó a Alfredo De Angeli de hacer apología de la evasión?
–Claro, porque es lo que hizo. Dijo: “Qué, si todos están en negro, hasta el Gobierno”. Y eso es una fantochada. En el Gobierno y en algunas empresas hay algunos rubros de la remuneración en los que no se hace retención jubilatoria y no se computan para ese efecto, pero está declarado y está en el recibo. En cambio él estaba justificando que el 73% de los asalariados del sector agropecuario está en negro. Yo eso no lo puedo admitir, eso es deshonesto.
–Las entidades del campo hablaron mucho de coparticipación durante el conflicto. Hay quienes creen que hicieron una utilización política del tema...
–Utilizaron la coparticipación de una manera muy demagógica, salvo que sean tan ignorantes que no sepan de qué se trata. Se transfirieron a las tesorerías de las provincias y de Capital Federal 54.676,4 millones de pesos. Y sólo un poco más que esa cifra, muy poco, los 57.342,8 millones de pesos restantes, quedaron en las arcas nacionales. Pero además, para poder cambiar una coma de la ley de coparticipación hay que conseguir que las 24 jurisdicciones locales y la Nación se pongan de acuerdo. Como hay algunas jurisdicciones locales que no se sientan a la mesa si no les garantizan un cambio en la distribución secundaria, no hay arreglo posible.
–¿Es necesario replantear el modelo de coparticipación?
–Probablemente, sí. Yo en un momento dado incluso elaboré un proyecto que proponía que el IVA pase a las provincias. Salvo la proporción que la provincia le cediera a la Nación. Y establecía en la distribución secundaria parámetros no manipulables. Por ejemplo, un parámetro de distribución era la relación inversa con la distancia de cada provincia con la Capital Federal. Usted se habrá fijado que cuanto más lejos, más pobre. Entonces, la distancia no se puede modificar. Es decir, buscar lo que no pueda ser digitado, tocado: población, distancia. Elegí parámetros que sean indiscutibles. Con INDEC o sin INDEC.
–¿Presentó ese proyecto?
–Sí, lo presenté en 1996 en una jornada de especialistas en Mar del Plata. Y estaba la delegación de la provincia de Buenos Aires. No la actual, la del año 96. Pidieron un cuarto intermedio. Elaboraron el cálculo y lo que a ellos iba a resultarles. Porque tenían órdenes de no aceptar, levantarse e irse si no les aseguraba cinco puntos más. Entonces, estamos fantaseando. Es como si mañana la Presidenta dijera: “Cambiamos la coparticipación” y se pudiera cambiar tan fácilmente. Ése es un disparate o una mentira de mala fe. Creo que hay enormes dosis de ignorancia, y los que no son ignorantes son unos bandidos.
–¿Cuál fue su opinión sobre la famosa resolución 125?
–La resolución 125 original era un adefesio técnico. Pero la que se llevó al Congreso y Cobos abortó, era buena.
–¿Era buena?
–Era buena, sí. Resolvía el problema de los pequeños y medianos, que ahora no tienen solución.
–Después del conflicto, desde el Gobierno mismo se admitió que terminaron beneficiando a las grandes cerealeras.
–Yo lo dije el 11 de marzo. Al día siguiente dije que era un disparate. Esto es desconocer cómo opera el mercado internacional. Se eliminaba el mercado a término, sin el cual no se puede trabajar sobre una cosecha futura.
–¿Le faltó información al Gobierno?
–Necesita tener un ministro de Economía y un equipo capaz. No pendejos.
–El ministro actual no es pendejo.
–No es pendejo, pero no tiene experiencia ni tiene un currículum que haga pensar que sirve para algo. Desde que entró Felisa Micheli en adelante, se pusieron ministros de fantasía. Claro, un ministro de Economía con personalidad, con trayectoria, con conocimiento, no es alguien a quien se puede manejar como a un espantapájaros. Va a tener que discutir las medidas, va a aportar ideas. En cambio éstos aportan la firma y por si acaso el dígito pulgar derecho.
–Kirchner vino a Córdoba hace algún tiempo a charlar con usted, ¿qué le preguntó?
–Eso fue cuando estaba en la campaña electoral. Le dije que se rodeara de gente honesta y capaz. Que hay mucha en el país. Hay economistas, hay técnicos, hay ingenieros agrónomos, de harta capacidad técnica. Pero caramba, los están llamando de todos lados y parece que para la Argentina no sirven.
–¿Y él qué le contestó?
–No contestó. Lo único que me preguntó es si yo no tenía que viajar a Buenos Aires porque quería charlar dos o tres horas conmigo. Le dije que no. No es mi especialidad hacer esas cosas. No es que yo me voy a negar, pero en esa oportunidad un periodista me preguntó a dónde iba a ser la entrevista, si en el hotel o en el comité. Y yo le dije que si el que me quería ver era él, entonces que viniera a mi estudio. Yo tengo una línea de conducta absolutamente independiente, no le voy a echar sombra a esta altura de mi vida.
EL SUEÑO DE LA REFORMA TRIBUTARIA. –¿Sigue pensando que es esencial hacer una reforma tributaria a fondo?
–Sí, es imprescindible. Y eso, contra lo que supongo que creen, no baja los ingresos. Pero hay que dejar de decir que se pretende hacer una redistribución del ingreso sin hacer una reforma tributaria, es absolutamente imposible. El actual régimen tributario es marcadamente regresivo. Esto significa que tiende a agudizar las diferencias entre los que tienen más y los que tienen menos. Para disminuir la miseria y revertir la polarización de la riqueza es indispensable que se encare una profunda reforma tributaria. Hay que modificar el impuesto a las ganancias, que es la herramienta más poderosa para distribuir.
–¿Por qué no se elimina la exención de las rentas financieras y las operaciones de bolsa?
–Eso está en el artículo 20 de la ley de ganancias. Yo vengo diciendo que a eso habría que eliminarlo, porque debería ser gravado. Es absurdo que el que trabaja, crea ocupación, se agarra úlcera y demás, ése paga. Y el que especula, ése está desgravado. Es una burla. Para modificar esto basta con anular el inciso del artículo 20 del impuesto a las ganancias, con eso alcanza.
–¿Pero no hay demasiados intereses en juego?
–Sí, yo supongo que tienen miedo. Pero en Uruguay está gravado, en Brasil está gravado, en Chile está gravado. Nosotros somos lo únicos estúpidos.
–¿Qué opina sobre la inflación?
–Yo pienso moderadamente que en este momento estaremos en el 24 por ciento. Es mucho. El año anterior fue, a mi juicio, de entre 17 y 18. Han hecho algo en julio. Redujeron el gasto público, por ejemplo. Pero en el combate contra la inflación, el Estado puede solamente reducir el gasto innecesario. Cuidar la expansión monetaria, que sea lo más baja posible.
–¿Ve alguna propuesta económica interesante en alguno de los sectores de la oposición?
–Nada, sólo saben criticar, pero la verdad es que no hay una sola idea. Y yo me uno a un juicio que le escuché a Torcuato Di Tella. Dijo que éste es el menos malo de todos los gobiernos que hemos tenido. No bueno, menos malo. Los otros son una jauría de inútiles. Por otra parte, juegan a tumbar el Gobierno, tumbando la economía, como si eso no fuese a caer sobre la población. Pero con tal de trepar y subir, cualquier cosa.
A los sojeros gorditos no les fue tan mal
¿Cuestionó en algún momento la sojización del campo argentino?
–No la cuestioné, dije que había que tomar medidas. Mire, yo el martes terminé un libro. Un libro que hace una relación de los últimos 80 años y hasta yo me sorprendí de ciertas cosas. ¿Usted sabe que entre 2000 y 2003, los años de la crisis, la producción subió diez millones? Esto quiere decir que no todos lo pasaron mal durante la terrible crisis con epicentro en 2001. Y de 2003 a la cosecha 2007-2008, se pasó de 30 millones a 47 millones y medio. Hoy se plantan casi 17 millones de hectáreas con soja. Si eso no se regula de tal manera que se haga rotación, que se cuide la tierra, es una bomba de tiempo. En cambio, seguimos produciendo trigo como hace 50 años, aunque en menor superficie. Y subió el maíz un 40 por ciento más la producción, en menor superficie. Pero la soja invadió todo.
Córdoba, camino a los bonos y las llamas
Usted ya había avisado que a quien fuera gobernador de Córdoba le iba a explotar el gobierno en las manos. Parece que no se equivocó.
–Sí, lamentablemente lo dije ya hace tres años. No es que estoy contento, ojalá me hubiese equivocado, pero lo números no mienten y 2008 está siendo una pesadilla para el gobierno provincial y por ende, para la población. Y son infantiles los argumentos que esgrimen respecto del catastrófico “agujero negro” de la Caja de Jubilaciones. A esto debe agregarse algo muy delicado, que es el lamentable estado en el que se encuentran las cuentas en la administración central. Y por lo pronto, la deuda flotante está en más de 1.500 millones. Cada vez ahoga más.
–¿Es posible que vuelvan los bonos?
–En un acto de desesperación puede suceder cualquier cosa, pero lo que quieren hacer en materia de reforma tributaria es como si quisieran echar nafta al incendio.
–¿Por qué?
–Porque pretenden sustituir el impuesto a los ingresos brutos, que se cobra en un 80 por ciento sobre la cabeza de 2.000 contribuyentes, por un impuesto solamente en la última etapa, es decir, a los consumidores en cabeza de los minoristas, que son más de 60 mil. La mayoría en negro, sin registro… Entonces realmente es un puntapié al aire. Esto que “descubrieron” ahora acá ya lo propuso Cavallo en 1992-1993. Creo que lo han encontrado en el cajón de los trastos viejos.