Culturas / Edición Impresa
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Inspiracionales, la muestra de ilustradores del mercado editorial y cinematográfico

Artistas secretos de películas famosas

Reúne el trabajo personal de creadores que se destacan en la industria del libro y en la realización de dibujos para films. Hay pinturas, piezas en lápiz y bocetos que priorizan las ganas de contar historias.

Judith Savloff
19.12.2008

Originales y variados. En esta exposición se pueden observar las obras de Nicolás Arispe (arriba), Sebastián Barreiro y Nelson Luty.

Un búho malabarista que brota, como una rama, de un cortinado. Un banquete señorial en el que un hombre desnudo se ofrece, en el centro de la mesa, como plato principal. O los puntos de vista de un arca más cerebrales e insólitos que se puedan imaginar. Todos pintados o dibujados como maravillas, listas para mofarse y/o soñar.

Después de esas imágenes, lo que más llama la atención de la invitación a Inspiracionales, la exposición que se inauguró antenoche en la galería Gachi Prieto de Palermo, es este párrafo: "Quienes exponen, Nicolás Arispe (1978), Sebastián Barreiro (1972) y Nelson Luty (1967), se manejan side circuit, es decir ajenos a los vaivenes del mercado del arte, realizando obras en silencio que son la base creativa para posteriores películas o libros que alcanzan a la gente en forma masiva. Pero sus originales están escondidos y son raramente vistos salvo por algún ocasional coleccionista exquisito que llega a ellos en forma fortuita”.

Sin embargo, una vez que se pisa la sala de Uriarte 1976 es claro que estos artistas, que trabajaron en historietas, libros y escenografías para Warner Brothers, Disney, Looney Toons y Pampa, entre otras productoras, que dibujaron fondos y personajes de Patoruzito, el Ratón Pérez o El Arca, ofrecen mucho más que otra oportunidad para terminar de barrer prejuicios anquilosados sobre las artes más populares: todos tienen un estilo singular y saben cómo usar la versatilidad técnica que supieron ganar corriendo contrarreloj entre los pinceles y la animación en 3D para que quien mira sus obras pueda crear sus propias películas.

Cada creador eligió las obras a exponer junto a la galerista Gachi Prieto. Barreiro colgó acuarelas y acrílicos que pintó como “hobbie”, fuera del trabajo. Empezó en el ‘94 y dice que debe tener más de cuarenta piezas. Uno de sus primeros trabajos muestra cómo un ladrón de tumbas le da un beso a un cráneo como si fuera un tesoro. Una de las piezas que expone ahora propone una sesión parlamentaria o un juicio, donde el orador, con alitas de ángel y de piedra, sostiene una calavera. ¿No parecen preguntarnos: cuál es tu relato sobre el éxito?

Arispe creó, entre otras piezas, un pescado con tuercas en vez de cartílagos que se escapa del cucharón. Alimentos artificiales que no siempre circulan como pez en el agua.

Sus láminas remiten a escenarios teatrales y/o viñetas, aunque no estén colgadas de modo lineal sino mezcladas. “Hice otro tipo de obras, más ‘contemporáneas’, como performances. Pero cuando vuelvo a mi escritorio me doy cuenta de que los ilustradores me marcaron más que... Picasso, aunque lo valoro muchísimo”.

“¿Ves? –irrumpió Barreiro–, los ilustradores tenemos clarísimo que se puede aprender de Miguel Ángel y de Caloi. En cambio, todavía es difícil que cierta parte del mundo de la plástica tradicional considere a Moebius como un maestro”.

La muestra empieza y termina con las piezas de Barreiro y Arispe, con trabajos acabados, tradicionalmente autónomos.

Pero entre ellos se exhiben los diseños de Luty –quien además trabaja en el equipo de humoristas de Crítica de la Argentina– para la película El Arca (2005). Son dibujos de un cuidado y un virtuosismo impactantes. Y también son piezas que desnudan la complejidad y variedad del proceso de animación fílmica. A Prieto le gusta que el montaje de sus muestras establezca este tipo de contrapuntos. Un ritmo, dijo ella, “bien variadito”.

Ahí está entonces el barco de la película concebido desde perspectivas diversas, deconstruido, medido, listo para pasárselo al equipo de Patagonik, que se encargó de animarlo. Se trata de una serie de planos sobre papel que a veces se unen entre sí con cinta skotch; de un segmento de racionalidad aplicada por manos duchas; de la representación del concepto puro, “descarnado” como calificó Prieto, a través de imágenes artesanales.

Prieto cree que es un buen momento para “hacerles justicia” a estos trabajos, para fomentar las exposiciones y el coleccionismo que florecen en Estados Unidos o en Europa desde hace décadas. Es cierto, reconoció, que es fin de año y que hay una crisis global y mucha incertidumbre local. “¿Pero qué convierte a algo en arte? Lo sensorial, lo estético, lo conceptual. Y estas obras cierran por todos esos lados. Incluso cuentan con un lenguaje mucho más directo, por familiar, que el de la mayoría de las expresiones del arte contemporáneo”.

En el fondo, se trata de eso: de que un chico vea un dibujo y la pase bien, como dijo Barreiro. O de que un grande sepa valorarlo, después de haberla pasado igual de bien.

La muestra se puede visitar de lunes a sábado, de 12 a 20, hasta el 30 de enero.
Martes 9 de febrero
Año I | Edición Nº702
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