Cuando los tres delincuentes entraron en su casa, el decorador y florista Gustavo Lanzavecchia preparaba un ramo de flores para regalárselo a su amiga Susana Giménez, a quien esa mañana había llamado para saludarla porque cumplía un mes más de noviazgo con el empresario Jorge Rama. Los ladrones lo ataron de pies y manos y lo tiraron a la pileta de su casa de Lomas del Mirador, en el partido de La Matanza. Murió ahogado. Un policía amigo suyo, que según se cree había ido a visitarlo, resultó herido de cuatro puñaladas. Los malvivientes huyeron con el auto de la víctima y lo abandonaron quemado en Pontevedra. Enfurecida por el crimen de su florista, Susana Gímenez pidió casi a los gritos y desde la puerta de su casa que se aplicara la pena de muerte para los homicidas: “Los que matan tienen que morir. Terminemos con los derechos humanos y esas estupideces. Tendría que haber toque de queda, aunque no sé bien lo que es porque no soy una especialista”.
NO HUBO AVISO. Los investigadores sospechan que la víctima, de 39 años, poco después de las 16 les abrió la puerta a los asesinos porque simularon estar interesados en comprar el auto que supuestamente había publicado en los avisos clasificados del diario. Pero un tío de Lanzavecchia lo desmintió: “No pensaba vender ningún auto porque lo había comprado hace poco, pero tampoco fue un crimen pasional”.
La casa está ubicada en Pozo y Charcas, en Lomas del Mirador. Tiene un portón blanco corredizo y una pared de ladrillos a la vista. Los forenses encontraron un cuchillo de cocina en la casa. Investigan si fue utilizado para apuñalar al policía. “La víctima murió producto de la inmersión, aunque la autopsia dirá si lo golpearon. Creemos que los ladrones llevaron los precintos para atar al florista porque no sabían que iba a aparecer el policía, quien fue apuñalado en el abdomen, el cuello y los glúteos. Revolvieron todo y se llevaron los celulares del oficial y del decorador”, dijo una fuente de la investigación.
Más allá de que el hecho es confuso, para Susana Giménez el asesinato de su colaborador fue un caso más de inseguridad. Poco después de las 21.30 atendió a un grupo de periodistas en la puerta de su casa, en Dardo Rocha al 2000, en Barrio Parque. Estaba conmocionada, con lentes negros. “Esto ya no da para más. Salgo a hablar porque soy parte del pueblo. Todos los días mueren cuatro o cinco personas, gente de bien, policías. No vengan a decir que es un crimen pasional porque él era gay. Fue un crimen diabólico. Puso un aviso en el diario para sacarse ese auto de encima y fue letal. Entraron a amasijarlo y lo tiraron a la pileta que había construido con 20 años de trabajo. Hay que decirle a la gente que no haga eso porque es mortal. Basta con los menores, tienen que venir leyes más duras, y el que mata tiene que morir. No le tienen miedo ni respeto a la policía. No se puede más. Estamos en un estado de indefensión espantoso. No podemos seguir siendo mansos. ¿Los que deben hacer algo tienen miedo de ser impopulares?” La diva repitió tres veces la frase “el que mata tienen que morir”.
EL POLICÍA HERIDO. El policía bonaerense herido fue identificado como Alejandro Álvarez Auer, de 35 años, teniente primero de la Dirección Aérea de Jefatura Departamental de La Matanza. Circularon dos versiones. Una indicó que estaba interesado en comprar el auto de la víctima. Según la otra, era amigo del florista, a quien conocía por su trabajo de custodio de Telefe. Tocó el timbre diez minutos después de que llegaran los delincuentes, quienes le abrieron la puerta, lo golpearon y lo apuñalaron.
Los detectives de la policía bonaerense no están seguros de que se haya tratado de un homicidio en ocasión de robo. Los delincuentes –que tendrían entre 17 y 21 años y llegaron a la casa en un auto gris– huyeron con el Volkswagen Bora negro del decorador y dos horas después lo abandonaron quemado en la localidad de Pontevedra. “Es todo muy raro. Quizá la víctima dejó pasar a los homicidas porque los conocía. Lo mataron con alevosía. Un delincuente común suele robar con armas de fuego, no con cuchillos”, dijo una fuente policial. El caso es investigado por la fiscal de La Matanza Analía Córdoba.
“Estaba haciéndome el color, en un momento frívolo en la peluquería, cuando me llamaron para avisarme lo que había pasado. Sentí que me moría. Gustavo era como mi hermano”. El empresario Jorge Rodríguez también lo recordó: “Era un laburante. Lo que pasó es increíble”.
Pocas horas antes de su muerte, Gustavo llamó a Deslinda, la empleada de Susana, para decirle que le iba a mandar flores. La última vez que se habían visto fue ante las cámaras, en pleno sketch. Ella le había regalado cuatro perritos.
Hipótesis de un crimen pasional
Los familiares de Lanzavecchia se lanzaron contra el movilero de Crónica TV que alcanzó a largar la versión en vivo de que el crimen fue “pasional”. Le rompieron el micrófono. Anoche el asunto resultaba confuso para los investigadores. Uno de ellos se lo dijo a Crítica de la Argentina: “Los pibes que entraron eran muy jóvenes y no forzaron la puerta”. Otra fuente policial le sumó: “Con el piloto (Alejandro) Álvarez eran amigos íntimos desde que se conocieron en el canal”. A los bonaerenses acostumbrados a los homicidios en ocasión de robo el cuadro no les cerraba: “Podrían haber estado armados por lo menos con un fierro, pero no estaba calzados, incluso el Tramontina encontrado sería de la casa”.
Criaba a cuatro nietos de Jazmín
Gustavo Daniel Lanzavecchia tenía 39 años y era el decorador del programa de Susana Giménez. La conoció hace 20 años, cuando le mandaba flores y le escribía cartas. La diva le hizo un lugar en su grupo de colaboradores. “Era como un hermano”, dijo Susana, a quien le organizaba cenas románticas, le decoraba su casa porteña del Barrio Parque y le preparaba flores a pedido de Jorge Rama.
La amistad y la confianza que Lanzavecchia tenía con la diva era tal que todos lo conocían como “Gustavo Damián” porque Susana lo llamaba así por error. Además tenía cuatro perritos nietos de Jazmín, el perro de Su. Los había teñido de fucsia, una moda que causa furor en Japón. “Era un pibe bárbaro. Amaba a Susana. Cuando yo le decía que había que cuidarse de la inseguridad me decía que era un perseguido. Ahora estoy por salir a escena en la obra de la Tota Santillán en Mar del Plata, pero tengo un nudo en la garganta, aunque actuaré igual. Usaré la peluca roja que me había prestado para hacer mi personaje”, dijo Marcelo Iripino, el coreógrafo de Susana y amigo de Gustavo.