Fuera de lugar. El jefe de la Iglesia católica se despachó en contra del uso de preservativos cuando volaba hacia África, un continente donde el sida tiene carácter de epidemia.
El Vaticano pidió a la ONU ayuda en el combate contra el “laicismo agresivo” luego de manifestarse preocupado por el aumento de la “intolerancia contra los cristianos” en el mundo. Angelo Bagnasco, presidente de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI), fue terminante: “No toleraremos que el Papa sea ofendido y tomado en broma por los medios y los políticos”. Su postura tiene relación directa con las críticas unánimes que despertó Benedicto XVI cuando dijo –justo minutos antes de aterrizar en África– que el sida no se soluciona con la distribución de preservativos.
Esta vez la disputa entre religión y ciencia parece irreconciliable. Mientras que la CEI acusó a algunos países europeos y organismos internacionales de hacer “análisis superficiales y juicios precipitados” en la polémica sobre los preservativos, los expertos europeos volvieron a hacer foco ayer en las sorpresivas declaraciones papales. La Sociedad y la Fundación Española de Contracepción aclarararon que el efecto beneficioso del preservativo es “incuestionable” y criticaron la manipulación de las afirmaciones que “no se corresponden con la evidencia científica”.
En tanto, el diario Le Monde publicó una carta en la que personalidades francesas pidieron al Papa que corrija su posición. Algunos de los firmantes son la premio Nobel de Medicina Françoise Barré-Sinoussi y el director de la Agencia de Investigaciones sobre el Sida, Jean-François Delfraissy. Más duros que sus colegas españoles, advirtieron que los dichos de Ratzinger muestran un “cinismo insoportable” y son “peligrosos para la humanidad”.
Para el Vaticano el peligro reside en otra parte: Bagnasco opinó que los medios y políticos que disienten de Benedicto sólo hacen manipulaciones y “ataques infundados”. Se refería a dos de los casos más resonantes de los últimos meses: el de la italiana Eluana Englaro y el del obispo lefebvrista Richard Williamson. El cardenal consideró que el levantamiento de la excomunión a la Fraternidad de San Pío X ocasionó “un esfuerzo de crítica” contra el Papa, mientras que la decisión de no dar más alimento a la italiana en coma expresó una lucha entre los que ven “la vida como el don más grande de Dios” y aquellos que piensan que “la existencia es sólo fruto de un evolucionismo casual”.
Silvano Tomasi, observador vaticano ante la ONU, se quejó de que algunos países “están revistiéndose cada vez más de una política secular con objeto de reducir el papel de la religión en la vida pública”. El obispo de Basilea, Kurt Koch, esbozó una autocrítica y admitió que “mientras los hermanos perseguidos proclaman públicamente su fe, nosotros la hemos reducido a un asunto privado”. El prelado puso números al “laicismo agresivo”, al afirmar que el 80% de los fieles perseguidos en el mundo son cristianos, de los cuales “230 millones han sufrido discriminaciones, marginaciones, hostilidad permanente e incluso persecuciones a causa de su fe”.