Polémico. Manzur es el hombre elegido por el gobierno nacional para timonear una de las peores crisis sanitarias de la historia.
Sanitarista, capacitado y cuestionado. Esos tres adjetivos definen al nuevo ministro de Salud nacional, Juan Luis Manzur, que asumirá mañana. El reemplazante de Graciela Ocaña –eyectada de su cargo por una mezcla letal de gripe A y presiones gremiales– era hasta hoy vicegobernador de Tucumán, una de las pocas provincias donde el kirchnerismo ganó las legislativas.
Antes de asumir el puesto que ocupaba desde 2007, este médico ocupó cargos en todo el país: fue ministro de Salud provincial, gerente de epidemiología en San Luis y secretario de Salud Pública de La Matanza. Su paso por el Ejecutivo tucumano supuso un escándalo revelado por este diario: las cifras de mortalidad infantil eran manipuladas para mostrar mejores resultados de gestión.
PERFIL TÉCNICO. Nacido en Tucumán hace 40 años, tiene varios familiares curas y estrecha relación con la Iglesia. Casado y con tres hijos, es experto en cirugía general y en medicina laboral. Aunque se especializó como médico sanitarista en la UBA se autodefine como de “un perfil más técnico”. En la provincia norteña fue el principal responsable de las obras de reacondicionamiento hospitalario, particularmente en las áreas de atención primaria de la salud y pediatría. Su maestro fue el antecesor de Ocaña, Ginés González García, quien opinó que “debemos colaborar todos no sólo para enfrentar a la gripe y el dengue”. Cuando el embajador en Chile aseguró que Manzur “es la persona indicada porque junto con el gobernador José Alperovich cambiaron la historia sanitaria de Tucumán” y que “tiene resultados para mostrar”, olvidó mencionar un grave hecho dado a conocer en junio de 2008 por Crítica de la Argentina: en efecto, su logro más promocionado fue el descenso de los índices de mortalidad infantil de 25 por mil en 2003 a 12,9 por mil en 2007, pero esas cifras fueron adulteradas. Los cientos de bebés cuyo peso es inferior a los 500 gramos que nacen vivos, pero se los registra como “defunciones fetales” o “egresos por abortos”. Esa simple recategorización los deja afuera de la estadística.
ÍNDICES MORTALES. Sin mencionar la manipulación de datos, en 2007 el entonces ministro González García había elogiado la gestión de Manzur: “No conozco experiencia más rotunda donde se haya bajado a la mitad los índices de mortalidad infantil en cuatro años”. Y fue un paso más allá, cuando instó a “imitar las metodologías de medición y evaluación estadística” de la provincia. La trampa radicaba en el vertiginoso crecimiento de la mortalidad fetal: en 2006 era de 23,6 por mil, mientras que a nivel nacional sólo llegó a 8,7.
“El método usado es anotar como muertes fetales casos de mortalidad infantil”, había confirmado la epidemióloga Evelyna Chapman, quien fue removida después de dirigir la comisión encargada de revisar las historias clínicas de los bebés fallecidos. También resultó desplazada Ángela Zóttoli, ex jefa del Departamento de Series Demográficas del gobierno tucumano. Las especialistas fueron concluyentes: “Si se volvieran a registrar las muertes de neonatos según las normas internacionales y leyes argentinas, la mortalidad infantil tucumana crecería significativamente”.
Un año después de difundida la noticia, cobra particular relevancia la frase de José Cano, quien el domingo fue votado senador por el Acuerdo Cívico y Social: “Se ganan o se pierden elecciones según la tasa de mortalidad infantil, por eso es importante que las estadísticas sean creíbles”.
A partir de ahora, Juan Manzur tendrá la oportunidad de recomponer un sistema dañado, más allá de cualquier contienda electoral.
OPINIÓN
Como turco en la neblina
Mauro Federico
“Ponele una ficha al Turco, que es un hombre del Gordo”, comentaba un dirigente oficialista desde el búnker del Frente para la Victoria durante la fría madrugada del lunes, mientras se aguardaba que Néstor Kirchner reconociera públicamente su derrota en las elecciones legislativas del pasado domingo y ya todos daban por descartado que Graciela Ocaña abandonaría el gabinete nacional.
El Turco no es otro que Juan Manzur, vicegobernador de Tucumán y ex ministro de Salud de su provincia. Y el Gordo es Ginés González García, actual embajador argentino en Chile y responsable de la cartera sanitaria durante el primer gobierno kirchnerista.
Horas más tarde, Manzur –un joven sanitarista de 40 años formado en el instituto universitario de González García (Isalud)– era designado reemplazante de la desgastada Ocaña, quien renunció luego de soportar el ninguneo de la propia Presidenta y los cuestionamientos por el manejo de la gestión durante las epidemias de dengue y gripe A.
Manzur no llegó al Ministerio de Salud por generación espontánea. Fue González García quien habría sugerido su nombre para ocupar el cargo vacante, luego de haber sido tentado para retornar al histórico edificio de la avenida 9 de Julio.
Es un secreto a voces que Ginés nunca vio con buenos ojos la gestión de su sucesora, con quien mantenía una disputa por el manejo de los fondos de las obras sociales.
La designación de Manzur representa un claro guiño para los Gordos de la CGT, que se cansaron de desfilar por las oficinas de Puerto Madero reclamándole a Kirchner que removiera a la ministra del Gabinete de su esposa porque había osado meterse con la “caja” sindical y pidiéndole el retorno de Ginés. “La Hormiguita nunca entendió cómo funciona este negocio, además entre Gordos se entienden”, confió la misma fuente del oficialismo.
No es la primera vez que Manzur recibe la bendición de su mentor para asumir la función pública. En 2002, llegó a ser secretario de Salud de La Matanza gracias a la recomendación de González García.
Cuando Ricardo Alperovich fue electo gobernador de Tucumán, lo “repatrió” para sumarlo a su gabinete provincial. Allí esgrimió como un logro de sus cuatro años de gestión (2003-2007) la reducción de los índices de mortalidad infantil de manera drástica: del 25 por mil al 12,9 por mil. Tamaña “proeza sanitaria” –que le mereció los elogios de su maestro y lo catapultó a la vicegobernación de su provincia– fue empañada por una investigación de Crítica de la Argentina basada en las denuncias del diputado provincial y hoy flamante senador electo José Cano, que demostró cómo se manipularon las cifras de mortalidad infantil en Tucumán. “El procedimiento es simple y sólo depende del trazo de una birome: hay cientos de bebés con peso inferior a los 500 gramos que habiendo nacido vivos son registrados como defunciones fetales o egresos por abortos y por tanto no forman parte de la estadística”, publicaba este diario el 9 de junio de 2008.
El hombre elegido por el gobierno nacional para timonear una de las peores crisis sanitarias de la historia argentina deberá demostrar mucho más que habilidad para manipular estadísticas si quiere emerger airoso de este
nuevo compromiso político sanitario que está a punto de asumir.