Washington Cucurto
17.04.2008
Hoy les voy a contar la historia de Migue, un cartonerito de la ciudad, un hombre casi, en edad de aprender muchas cosas, que sin embargo, como él mismo me lo dice: “Cucu, ya no tengo esperanzas y si me como un 24 horas en cana no me importa”.
Migue está enamorado de otra niña, como él, desgraciada en las circunstancias del destino, La Negra, pero de ella ya les hablaré en la próxima columnita. Migue duerme en la calle y hace una semana que trabaja en Eloísa Cartonera. Muchas veces me pregunto: ¿cómo es posible que mientras todos tenemos un techo donde dormir, Migue, nuestro compañero, cuando se acaba la jornada, no tiene adónde ir?
Sin embargo, Migue, sí tenía donde dormir (es una manera de decir), pues dormía a la intemperie, en la ranchada, junto a otros niños y mujeres y familias completas de cartoneros hasta que la prefectura los echó. La ranchada estaba debajo de la autopista del Sur, a metros del Parque Lezama, al lado, ¡vaya paradoja!, del ex centro clandestino de detenciones. Un espacio para la memoria difundido por Kirchner.
Cuando Migue me contó donde vivía, le dije:
-¡Vos vivís al lado del Museo de los Desaparecidos, ahí funcionaba un centro clandestino de detención donde torturaban a la gente!
Migue me miró como diciéndome, ¡de qué me hablás man, los únicos torturados y desaparecidos que conozco somos nosotros!
Por un momento pensé que a ese ex centro clandestino, ahora lleno de estatuas, de placas de bronce, de huesos, de cosas sin vida que recuerdan un holocausto, estaba tapado, olvidado por otro horror peor aún, el horror de la vida de Migue y muchos jóvenes mas. Pero la cosa no termina acá, cuando le pregunté por qué la Gendarmería los había echado, su respuesta fue tajante.
-Cucu, no me preguntés esas cosas, que después las escribís, guacho. El Gobierno nos sacó el permiso para estar debajo de la autopista.
-¿Ustedes tienen un permiso del Gobierno?
-Pero claro, Cucu, en qué país vivís, si el Gobierno no nos da un permiso no podemos estar ni debajo de un puente.