Culturas / Edición Impresa
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EL quién es quién en el denominado noveno arte local

La historieta criolla tiene su primavera gracias a los autores jóvenes

No se trata del resurgimiento de una época dorada. Lo que sucede en la actualidad es un desarrollo original y visible completamente diferente. Lejos de la extinción, la autoedición y el armado de colectivos artísticos forjaron un campo específico de acción estética. Son autores y editores de treinta y pico de años que ya lograron escaparle al olvido.

Leticia Pogoriles
12.10.2009

Herederos. Los nuevos historietistas no reniegan de los padres fundadores, pero buscan formas alternativas de hacer público su propio arte.

“Convencidos de que hay que retirarse en el mejor momento, no hicimos un cierre, sino que fue el inicio de nuevas cosas”, dice Marcos Valenzuela, creador reciente de la editorial Loco Rabia y uno de los organizadores del X Encuentro de Historietistas Aquelarre, que tuvo lugar hace unas semanas en San Nicolás. Lo curioso es que hace diez reuniones atrás, en la primera cita, surgía una nueva generación de dibujantes que hoy logra visibilidad y popularidad y entre los que se hallan grandes y talentosos sobrevivientes del llamado noveno arte.

No es preciso hablar del resurgimiento de una época dorada de la historieta nacional, sino que lo que está sucediendo es un desarrollo original y visible completamente diferente. Lejos de la extinción, la autoedición y el armado de colectivos artísticos, forjaron un campo específico de acción artística. Son autores y editores de treinta y pico que ya lograron zafar del olvido.

Martín Casanova fue uno de los que capitalizaron este rumbo. A los 32 años, se frustró con el dibujo y el guión, y se hizo editor. Creó Domus, con ocho colecciones que reúnen a los autores más destacados de la historieta actual: Gustavo Sala (Bola triste), Max Aguirre (Los resortes simbólicos), Ángel Mosquito (El granjero de Jesú), Caro Chinaski (Indecentemente cursi), Diego Agrimbau y Dante Ginevra (El asco), Lucas Varela (Estupefacto), Clara Lagos (Clarísimos días), Juan Sáenz Valiente (Sigilo) y El Bruno (Humor etíliko), entre otros.

También fundó Moebius, un emprendimiento editorial que busca ser un puente entre el diseño gráfico y la historieta. Entre todo esto, Casanova admite que la historieta todavía debe quitarse prejuicios: “Pareciera que es algo sólo para chicos o un género menor. Debe salir a ocupar espacios en las librerías. Aún es una suerte de fenómeno en expansión”.

Lenguajes heterogéneos en la narración gráfica, el libro como un formato, internet como fuente difusora y una economía más estable llevan a que se renueven los consumos culturales y se ponga en viñetas la madurez artística de los autores que hace una década eran la generación del fanzine (publicación autoeditada que circula por fuera de los circuitos comerciales de distribución), despojada del mundo editorial mainstream.

Hace un año, Loco Rabia también encontró las condiciones materiales de este proceso y lanzó seis títulos de autores emblemáticos de esta generación, como Ernan Cirianni (Grosso mal) y Caio Di Lorenzo (Bajo presupuesto). Valenzuela, editor a cargo, explica que no hay algo estético que defina este rumbo de la historieta, sino una historia compartida: “La necesidad de autoeditarse hizo que los autores adquiriéramos otros conocimientos. Crear una editorial fue sólo ponerle un marco legal a lo que veníamos haciendo”.

Del lado de la edición, también está Liniers, fundador de Común, una editorial con la sensibilidad de la historieta independiente, que sintoniza muy bien con lo mainstream de la literatura. “Es más probable que un lector de Fogwill o de Saramago lea un libro editado por Liniers, que la mejor novela gráfica de Batman”, explica Federico Reggiani, crítico, guionista e investigador de la Universidad Nacional de Córdoba.

Para Reggiani, el deseo de ser autor profesional hace de la necesidad una virtud. “El paso por la autoedición tuvo efectos en el modo de encarar qué significa ser historietista. Conductas inconcebibles empezaron a ser normales, como la constitución de redes que se plasman en, por ejemplo, el festival Viñetas Sueltas de Buenos Aires, y en la autonomía conquistada: hoy se producen historietas sin un encargo”.

O sea, no hay un editor que diga qué hacer y hay un autor comprometido en el proceso. “Los autores independientes, entre los que me incluyo, se profesionalizan haciendo historieta de autor. Es un camino difícil, pero, sin traicionar su concepto de autoría, han instalado un estilo ganando público y prestigio, como Mosquito, Sala, Salvador Sanz, Liniers o Varela”, cuenta Max Aguirre, el creador de Jim, Jam y el otro, la tira diaria de La Nación, que lo llevó a ser el independiente más “mediático”.

En este proceso cultural, que también muestra el despunte de una industria in crescendo, obviamente hay mucho más. El Salón del Cómic y el Animé y Viñetas Sueltas fueron dos acontecimientos de este 2009 con una amplia visibilidad; se está instalando progresivamente el Día de la Historieta Nacional (4 de septiembre), y las instituciones ven con buenos ojos el apoyo a la actividad. La Biblioteca Nacional organiza un concurso para quienes estén interesados en hacer un aporte a la historieta argentina, y el gobierno porteño abrió el espacio Opción Libros, en el Centro Metropolitano de Diseño.

Thomas Dassance, editor de Ex Abrupto y organizador en Buenos Aires del festival Viñetas Sueltas, explica esta primavera de la historieta sin perder la calma. “Ahora existe la Fierro, Sudamericana y otras grandes editoriales están lanzando sus propias colecciones, las cadenas de librerías piden asesoramiento para saber cómo vender o exponer la historieta en sus locales... Esto demuestra un cambio generalizado positivo, pero de resultado incierto. Todo tiene que perdurar y asentarse tranquilamente”.

Quizás el cambio más notable es la estabilización del libro como formato de publicación. El volumen de edición que se produjo desde 2001 en adelante, según los registros de la Cámara Argentina del Libro, es de 1.226 libros, contra 47 en la década pasada. El libro e internet son los soportes que posibilitan la mayor cantidad de páginas de historieta en la Argentina en los últimos años.

“En el aspecto económico, es un negocio más a largo plazo, porque imprimir un libro es obviamente más caro que una revista, pero se lo valora más y el retorno puede ser mayor”, señala Casanova. Diego Cortés, creador de Llanto de Mudo, una editorial cordobesa de literatura e historieta que funciona hace catorce años, opina que el libro es simplemente una mejor forma de vender y que esto también cambia el consumo. “Un libro dura más, lo cual es quizá más subversivo. Los autores preferimos laburar un libro con principio y fin. Y el lector lo disfruta como objeto de cierta belleza”, sostiene.

De esta tendencia, comienza a surgir un cuerpo de obra sólido. “El propio formato de libro legitima. El consumo de historietas se empieza a parecer a cualquier otro consumo cultural, y deja de ser cerrado”, según Reggiani. Ángel Mosquito, uno de los autores que se ve a sí mismo en el “Nacional B de la historieta”, coincide: “Parece que, lentamente, la historieta está ocupando el mismo lugar que la literatura, en relación con la calidad de la historias”. Aguirre, por su parte, celebra el efecto multiplicador: “Que aparezcan novelas gráficas o lo que sea como un caballo de Troya para que la historieta sume lectores es genial”.

Otro de los elementos que consolidó este movimiento fue la Red. La búsqueda de espacios alternativos ante la crisis hizo de internet una vidriera de obras (en muchos casos, sobre la vida cotidiana de los autores) que reflotó la disciplina y acortó la distancia entre los autores y los lectores.

Un ejemplo es el blog colectivo Historietas reales (historietasreales.wordpress.com), que permitió que muchos se encontraran con lo nuevo (y lo mejor) de la historieta argentina. Recibe tres mil visitas diarias y publica a muchos de los autores mencionados, además de a Fran López, Dante Ginevra, Rodrigo Terranova, Brian Sánchez, Mr. Exes, Rodolfo Santullo, Federico Baert, PowerPaola, Fabián Zalazar, Joni B., Nomás, Frank Arbello y Kwainchang Kraneo. Allí, por día, dos o tres dibujantes revelan historias autobiográficas o le ponen ficción al asunto.

Otro espacio que vale la pena visitar es el blog de La Productora, una de las primeras editoriales autogestionadas que surgieron de esta generación de autores y que la remaron en el páramo “post 2001”. Están los trabajos de Jok, Gervasio, Carlos Aón y Cristian Mallea.

Lo hacen por amor al arte, por convicción y por cohesión con un movimiento cultural del que hoy son protagonistas. Para Cirianni, considerado uno de los mejores historietistas humorísticos, es otra manera de mostrar lo que se hace: “Antes editabas un fanzine de cien ejemplares y te rompías el lomo para que lo leyeran, con suerte, cuarenta personas; hoy subís lo que querés al blog y, en un mes, lo leen como mínimo quinientos personas”.

Sobrevivientes, porque hubo tiempos adversos; porque rompieron los moldes y los jóvenes fanzineros hoy son señores editores; porque desafiaron el imaginario social de una historieta para chicos y de narraciones clásicas de aventuras y superhéroes; porque innovan el estilo una y otra vez, reflexionando sobre la historia de una historieta ya afianzada y crean más allá de las vanguardias plásticas o literarias. Dieron un timonazo en un mundo donde el arte y el mercado luchan constantemente cuerpo a cuerpo. Y ya sabemos quién pierde.

Las chicas también empujan por conseguir su espacio

Cada vez más mujeres toman las viñetas por asalto y se vuelcan a introducir su mirada personal en este universo, y le dan otro lenguaje a la pulsión creativa. Salir al ruedo les cuesta lo mismo que a cualquiera; las dificultades pasan por la calidad del trabajo y la suerte.

“No pienso si estoy o no con síndrome premenstrual al momento de plantarme frente a una hoja y hacer lo mío”, dice Caro Chinaski, que en su trabajo indaga, desde el humor, sobre viajes iniciáticos, las incertidumbres típicamente femeninas y las dudas existenciales. Para ella “es un detalle” ser una mujer dedicándose a la historieta porque la “obra no tiene sexo”.

Clara Lagos, que en su libro Clarísimos días muestra con una ternura inspiradora la aventura de ser ella misma, no piensa en la cuestión de género y aunque la mayoría del público que consume historieta es masculino dice que “siempre recibo muy buena respuesta y trato, tanto de los colegas como de los lectores”.

Comenzaron juntas en 1996 haciendo el fanzine más original del momento, Océano y Charquito, y hoy son parte de el blog internacional Chicksoncomics.blogspot.com, que abre la discusión entre ocho mujeres historietistas. En geniales cuadritos, alternan sus opiniones tanto de la depilación como de la verdadera esencia –y tragedia– del ser, se quejan de los tópicos clásicos que se les atribuyen a las mujeres y ofrecen mucho más. El blog es sólo de chicas. Y es un lugar más para explorar el aporte de un único lenguaje, el de la mujer.

Guía para poder encontrarlos

Editoriales:
Locorabia.blogspot.com
Domuseditora.com.ar
Llantodemudo.blogspot.com
Macanudoliniers.blogspot.com
Laproductoracomics.blogspot.com

Autores
Max Aguirre: Maxaguirre.com.ar
Ángel Mosquito: Granjerodejesu.blogspot.com
Ernan Cirianni:Decomomehicericoyfamoso.blogspot.com
Caro Chinaski: Carochinaski.blogspot.com
Historietas reales: Historietasreales.wordpress.com
Clara Lagos: Clarisimosdias.blogspot.com

Escuelas y talleres
Escuela de historieta de la productora Eugenio Zoppi
4489-5417- http://laproductora-escuela.blogspot.com
Taller de historieta de Salvador Sanz
Espacio Cultural Julián Centella, Av. San Juan 3255
Cursos de guión y narrativa de Diego Agrimbau
Diegoagrimbau.blogspot.com

Otros espacios para visitar
Periodismo en cuadritos: Avcomics.wordpress.com
Revista Comic.ar: Comic-ar.com
Estudios y crítica de la historieta argentina Historietasargentinas.wordpress.com
Viñetas Sueltas: Vinetas-sueltas.com.ar
Espacio Moebius: Bulnes 658 , Moebiuseditora.com
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