La editorial Plon comunicó la noticia: a los cien años de edad, murió Claude Lévi-Strauss, un antropólogo fundamental, padre del enfoque estructuralista de las ciencias sociales, mitólogo, académico, un pesimista iluminado, símbolo ideológico de Mayo del 68, en fin, uno de los intelectuales más influyentes del siglo XX. La editorial no entregó mayores detalles. No aclaró las causas de la muerte, ni el lugar en que expiró. Al parecer, la muerte de Lévi-Strauss, por sí sola, no requería más datos. Simplemente ha muerto un hombre vital del pensamiento contemporáneo.
Nació el 28 de noviembre de 1908 en Bruselas. Fue hijo de judíos franceses que le dieron una educación refinada. Cursó estudios primarios en París y luego, en La Sorbona, pasó los años más aburridos de su vida intentando ser abogado. Desertó a tiempo y se tituló únicamente de filósofo en 1931. Pasó algunos años dando clases en colegios de Francia, hasta que, años después, aceptó a último momento un viaje que estimuló muchísimo su vocación. Partió a Brasil integrando una delegación cultural y allá se instaló por cuatro años. Entre 1935 y 1939, dirigió exploraciones constantes en el Mato Grosso. Lévi-Strauss, un frágil francés judío –aunque nunca tuvo sentimientos verídicos por algo sagrado–, también aparecía en la mitad de la selva tropical amazónica estudiando a la especie humana que no tenía un solo aporte occidental. Así cimentó sus primeros trabajos etnográficos y obtuvo los conocimientos que impulsaron sus dos libros inaugurales, Vida familiar y social de los indios Nambikwara y Las estructuras elementales del pensamiento. En ambos examinó la forma en que las personas organizaban sus familias y decretó que los parentescos, más que tener relación con un ancestro común, como dictaban los antropólogos británicos, consistían en la alianza entre dos familias cuando una mujer de un grupo se unía al hombre del otro grupo. Acaso sin proponérselo, Lévi-Strauss, un conquistador que se casó tres veces, explicaba la sociedad a través de los lazos matrimoniales.
A partir de los años cuarenta, ya era popular dentro de la elite intelectual. Vivió en Estados Unidos, se codeó con Roman Jackobson, quien mejoró sus ideas, tuvo tiempo para ser agregado cultural en Washington, volvió a Francia y, en 1955, publicó uno de sus libros más reconocidos. Ese año, el mundo recibió Tristes tópicos, una narración que repasa sus vivencias brasileñas y que juntó con calidad tres disciplinas: la etnografía, la filosofía y la prosa inspirada de la mejor literatura. Lévi-Strauss de pronto se paseaba por todas las disciplinas. Ya lo dijo en una entrevista: “La ciencia sola no es capaz de responder a todas las preguntas”.
Produjo una conmoción en 1962 con su libro Pensamiento salvaje. Lévi-Strauss expone allí otra de las teorías elementales de su vida: no existe, recalca, una diferencia significativa entre el pensamiento primitivo y el civilizado. Unos años más tarde, agita la antropología con un libro dividido en cuatro tomos: Mitológicas (1964-1971), en el que declara que la mente humana dispone el conocimiento en parejas binarias y opuestas que se organizan de acuerdo con la lógica. En medio de estos hallazgos, Lévi-Strauss publica más de treinta libros en los que explica las diferentes culturas de los seres humanos, menos la occidental, pues, dice, no está a gusto en ella. Va de un lado a otro recibiendo galardones, lo declaran doctor honoris causa en una infinidad de universidades, se integra a la Academia Francesa, se empecina en su pesimismo, proclama que el mundo acabará sin hombres, se hace escéptico con la edad y, después de tanta vida, el longevo pensador se muere como todos. Y así da inicio a su paradojal legado, pues el estudioso de la mitología de modo oficial ha pasado a ser un mito.
OPINIONES
El ocaso de una época heroicaDiego VillarHasta hace pocos días, cada semana llegaba algún joven antropólogo a la coqueta rue du Cardinal-Lemoine con la esperanza de ver a Claude Lévi-Strauss hurgando la biblioteca del Laboratoire d’Anthropologie Sociale. Para la antropología, la reciente desaparición de Lévi-Strauss marca el ocaso de una época heroica. Tras varias décadas de investigaciones sobre el parentesco, la cultura material, la mitología o la lógica clasificatoria del “pensamiento salvaje”, pasó hace rato el tiempo en que un avispado empleado de aduanas le preguntara: “Lévi-Strauss… the books or the pants?”. Nicolas Sarkozy lo visitó en su departamento para celebrar su centenario; se siguen publicando innumerables estudios críticos sobre su obra. Hay, incluso, óperas sobre Tristes trópicos. El mejor homenaje, entonces, es despejar la hagiografía, ir más allá de las sentencias célebres –“Odio los viajes y los exploradores”– y las afirmaciones programáticas –“Los mitos se piensan entre sí”–, para poder apreciar la finura analítica de sus observaciones sobre el matrimonio agnático en las antiguas dinastías chinas, sobre los panteones mitológicos wagnerianos, sobre la “vaca loca” o sobre las relaciones de oposición y correlación entre los nombres de hombres, mujeres, mascotas y esclavos entre los indígenas norteamericanos.
Fragmentos de Raza y culturaClaude Lévi-StraussSin duda nos acunamos con el sueño de que la igualdad y la fraternidad reinarán un día entre los hombres, sin que comprometa su diversidad. Pero si la humanidad no se resigna a transformarse en la consumidora estéril de los únicos valores que supo crear en el pasado, capaz solamente de dar a luz obras bastardas, invenciones groseras y pueriles, deberá aceptar que toda creación verdadera implica una cierta sordera a la llamada de otros valores, pudiendo llegar hasta el rechazo y aun a su negación. Porque no se puede, a la vez, fundirse en el goce del otro, identificarse con él y mantenerse diferente. Plenamente lograda, la comunicación integral con el otro condena en un plazo más o menos breve la originalidad de su creación y de la mía. Las grandes épocas creadoras fueron aquellas en las que la comunicación llegó a ser suficiente como para que interlocutores alejados se estimulasen, sin ser, sin embargo, tan frecuente y rápida como para que los obstáculos, tan indispensables entre los individuos como entre los grupos, disminuyeran al punto que los intercambios demasiado fáciles igualaran y confundieran su diversidad. La humanidad se encuentra pues expuesta a un doble peligro cuya amenaza tanto el etnólogo como el biólogo miden de igual manera. Convencidos de que la evolución cultural y la orgánica son solidarias, tienen la certeza de que el retorno al pasado es imposible, pero también que el camino que los hombres están actualmente recorriendo acumula tantas tensiones que los odios raciales ofrecen una muy pobre imagen del régimen de intolerancia exacerbado que amenaza con instaurarse mañana, sin que sea necesario el pretexto de las diferencias étnicas. Para circunscribir esos peligros, los de hoy y los de un futuro próximo, más temibles aún, debemos persuadirnos de que sus causas son mucho más profundas que las simplemente imputables a la ignorancia y a los prejuicios: sólo podemos cifrar nuestra esperanza en un cambio del curso de la historia, más difícil aún de obtener que un progreso en el de las ideas.
(Raza y cultura, Altaya, Madrid, 1999)
Francia le rinde homenajes a su intelectual más reconocido del siglo XXIván Schuliaquer, desde ParísFrancia despide al pensador más importante que dio al siglo XX luego de Émile Durkheim. Así es considerado Lévi-Strauss en su país. Han pasado Michel Foucault, Louis Althusser, Pierre Bourdieu y Jacques Derrida, entre tantos otros, pero ninguno llegó a ser tan reconocido aquí como el creador del enfoque estructuralista: a punto tal que hasta hoy en Francia sociología y antropología muchas veces van juntas.
En los últimos años Lévi-Strauss salía cada vez menos. En realidad, salía sólo una vez por semana: siempre el mismo día y a la misma hora hacía la caminata hasta la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales para retirar la correspondencia que todavía le llegaba ahí. Los jóvenes universitarios se reunían para acompañarlo a distancia y comprobar que era cierto: el hombre que ya en la década del 30 se internó en la Amazonia para contar la vida de los otros culturales, estaba vivo.
“Rindo homenaje al humanista infatigable, al universitario curioso, siempre en busca de nuevos saberes, al hombre libre de todo sectarismo y de toda doctrina que encarnaba Lévi-Strauss”, aseguró el presidente francés Nicolas Sarkozy. Desde el Partido Socialista, hasta el ex presidente Jacques Chirac, diversas voces rindieron homenaje al antropólogo.
“Teniendo en cuenta la longitud de su carrera y su influencia, se puede decir que todos los antropólogos franceses y un buen número de extranjeros son sus hijos espirituales”, aseguró Dinah Ribard, profesora de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales, quien contó que “hasta no hace mucho tiempo” Lévi-Strauss seguía recibiendo a estudiantes e investigadores que buscaban sus consejos.
Libération, Le Monde y Le Figaro, los tres diarios nacionales más importantes de Francia, tuvieron ayer en la entrada de sus portales como noticia excluyente al antropólogo y le dedican hoy una edición especial en su versión papel a su recorrido desde Brasil hasta el Collège de France.