Federico Kukso
14.11.2009
Lado oscuro. El hallazgo fue en una zona que no recibe luz desde hace millones de años.
Es el colmo pero, en definitiva, así es la naturaleza: mientras que las sequías golpean provincias argentinas como Mendoza, Córdoba y Buenos Aires, la NASA anunció ayer la presencia de grandes cantidades de agua congelada ahí arriba, en la Luna, a unos 384 mil kilómetros de la Tierra. Hace diez años que se especulaba con el tema, ya sea analizando al satélite natural terrestre con supertelescopios o rastrillándola de punta a punta con sondas en su órbita. Pero ahora sí: hay evidencias, hay datos empíricos, bien medibles y cuantificables como le gusta a todo científico. Y la exploración espacial nunca será igual.
“Sí, no hay duda. Hallamos agua. Y no encontramos sólo un poco. Encontramos una gran cantidad de ella”, dijo Anthony Colaprete del Centro AMES de Investigación de la NASA en Moffett Field, Estados Unidos.
La noticia se reveló a un mes de que la agencia espacial estadounidense golpeara la Luna con todo. Y como nunca. No con uno sino con dos impactos: fue el 9 de octubre pasado cuando la NASA estrelló la sonda LCROSS y su cohete Centauro contra el fondo del cráter Cabeus en el polo sur del satélite abriendo un inmenso agujero de entre 20 y 30 metros de ancho. Al principio no hubo mucho para festejar: que la zona elegida –en el lado oscuro de la Luna– era muy dura, que los impactos no lograron levantar la polvareda esperada para realizar los análisis pertinentes.
Sin embargo, pasaron los días, comenzaron a llegar los datos y sí, las caras de los científicos norteamericanos comenzaron a cambiar. “Muchas líneas de pruebas y datos recogidos por la sonda Lunar Reconnaissance Orbiter muestran que había agua presente tanto en la pluma de vapor que se elevó en ángulo alto como en los escombros proyectados en ángulo más bajo por el impacto de Centauro –agregó Colaprete–. La concentración y distribución de agua y de otras sustancias requieren más análisis, pero podemos decir con seguridad que el cráter Cabeus contiene agua. Aún hay mucho que estudiar: el agua, tal vez depositada luego del impacto de un cometa, podría incluir componentes orgánicos”.
Aún así, es preciso aclarar: el agua hallada en la Luna no es agua líquida. El agua encontrada en el fondo de este cráter de 98 km de diámetro y ubicado a unos 100 km del polo sur lunar es agua congelada, en el único estado de la materia en el que se podría hallar en un cuerpo celeste sin atmósfera. Al parecer, la colisión de la sonda LCROSS y su cohete levantó una columna de material desde el fondo del cráter cuya temperatura araña los 230 grados bajo cero y que no recibe luz del Sol desde hace miles de millones de años. O sea, el agua congelada lunar es verdaderamente prehistórica: está ahí eones antes de la caída del Imperio Romano, de que los egipcios levantaran sus pirámides, e incluso antes de que los dinosaurios dominaran la Tierra.
“Estoy bastante impresionado por la cantidad de agua que detectaron nuestros instrumentos: alrededor de cien litros –señaló Peter Schultz, profesor de geología de la Universidad Brown y miembro de la misión LCROSS–. Lo que es interesante es que sólo golpeamos en un lugar. Es como perforar buscando petróleo. Una vez que uno lo encuentra en un lugar, hay más chances de encontrarlo en las proximidades”.
El hallazgo de agua lunar no es el final de la historia. Más bien, es el principio: además de ser clave para desentrañar la historia lunar y la evolución del Sistema Solar, su presencia representa un gran espaldarazo para el regreso a la Luna y para la instalación de bases permanentes. La fecha ya está fijada: la NASA planea volver a mandar una misión tripulada recién a partir de 2020. Sea como sea, de ahora en más no se podrá volver a hablar de la Luna como aquella piedra gris y seca que cuelga a la noche en el cielo.