Patricio Barton
25.06.2008
Primera toma de posición: la elección del gerundio que da nombre a la revista. Se llama Haciendo Cine y no “mirando cine”, como bien podría ser. Segunda toma de posición: en sus inicios –hace más de una década– se autoproclamaba como “la revista de los estudiantes de cine”, pero ahora en el subtítulo dice “cultura + industria”. Queda claro desde qué lado de la pantalla se dirige a los lectores.
Haciendo Cine (HC) va por la toma 82 de su propuesta editorial centrada en el hacer y luce como una publicación consolidada. No es poco en un contexto en el que las revistas independientes (que no pertenecen a grandes sellos editoriales) suelen navegar entre todo tipo de avatares.
Si bien el sesgo industrial del cine argentino es más una expresión de deseo que una realidad tangible, HC da cabida a la temática al menos en forma de “tips” esparcidos entre los contenidos de la revista. Festivales, info de productoras, tecnología, marketing y algunos números del mercado del cine emergen, de tanto en tanto, como una concesión de la cultura. Sin embargo, en líneas generales, HC es una publicación cultural.
Pero es tanto su ímpetu por abarcar enteramente toda la actividad (que hasta incluye algo del cine publicitario), que el resultado termina siendo un gran pantallazo que apenas sobrevuela el quehacer cinematográfico de estas pampas. Quizá sea esa postura –además de un lenguaje políticamente correcto y una presentación moderna, sobria y elegante– la que le ha permitido a la revista consolidar una pauta publicitaria más que aceptable.
En todas las publicaciones dirigidas a segmentos acotados, los avisos publicitarios funcionan como una extensión de los contenidos editoriales. Si bien es una revista para “la gente del cine”, también es cierto que ese destinatario se torna tan amplio como difuso. Y esa característica hace que HC pueda también ser leída por personas cuyo único contacto con la industria cinematográfica es que miran muchas películas.
El diseño y la presentación de la revista siempre fueron delicados en su aspecto y contemporáneos en la manera de presentar los temas. Recientemente se hizo un retoque que profundiza este perfil y que sumado a una impresión de alta calidad sobre papel ilustración opaco realza la propuesta estética de HC.
Con abundancia de textos breves, muchas notas no llegan a desplegar todo su potencial, aunque en varios casos la invitación implícita a seguir el tema por otros rumbos puede percibirse en las direcciones de los sitios web consignados al pie de cada artículo (un hábito cada vez más corriente en las revistas).
Este mes, la gran excepción a la brevedad de los textos es la nota de tapa: un acierto estético y periodístico que logró reunir a Lucrecia Martel con Leonardo Favio en una jugosa charla sobre el hecho artístico de hacer cine, pero también acerca de sus implicancias comerciales, entre muchos otros asuntos humanos. La calidez y la intimidad del encuentro quedaron plasmadas en la tapa (quizá la mejor del año entre todas las revistas) adonde la cámara del fotógrafo Luis Sens logró registrar un hermoso momento de confidencia y complicidad entre Martel y Favio, una tonalidad con que están teñidas las diez páginas de la nota.
Historia
Además de en películas, el cine argentino también ha sido prolífico en revistas. En su gran mayoría siempre se ha tratado de publicaciones realizadas por la misma gente que hace cine o por grupos de cinéfilos. Así las cosas, cada revista representó a una “tribu” cinematográfica con costumbres, gustos y enemigos endémicos.
La única publicación realizada íntegramente desde el consumo de cine en su aspecto más comercial y masivo es Cinemanía (del Grupo de Revistas de La Nación). Para el resto ha sido –y aún es– muy difícil sostener sus ediciones (varias han quedado en el intento) y, en este sentido, la web es una tentación más económica que –con un público fiel y acotado– resulta una alternativa viable.
Más allá de que internet se transforme o no en el soporte editorial de numerosas revistas que aún hoy se imprimen en papel, actualmente las grandes revistas de cine del mundo tienen sitios web muy desarrollados, pero también conservan sus ediciones impresas. Tal es el caso de la francesa Cahiers du Cinéma –quizá una de las más famosas y prestigiosas del mundo–, así como Premiere, Box Office, Moviemaker o –con un perfil más independiente– Indie Wire.
Al igual que sucede con las películas, la mayoría de las revistas proceden de los Estados Unidos. En todos los casos, estas publicaciones comparten el ciberespacio con otros emprendimientos similares que jamás han pasado por la imprenta.