Pedro Peretti *
15.07.2008
Las políticas diferenciadas son por definición lo que separa a un gobierno progresista de otro que no lo es. Y a la luz de este conflicto, después de más de cien días, se puede decir que el haber instalado este tema en la agenda pública no es mérito de las autoridades nacionales sino una concesión frente a los reclamos de miles de productores. Es decir, desde este punto de vista, podemos considerarlo como una victoria histórica de la Federación Agraria, que hace tiempo viene exigiendo la segmentación de las políticas para el sector agrario.
Porque esta diferenciación, está claro, no fue parte del bagaje doctrinario original del kirchnerismo sino mas bien todo lo contrario: durante cinco años y medio en el Gobierno y mediante aumentos sucesivos de las cuotas de retenciones, pusieron a todo el campo en un pie de igualdad. De hecho, desecharon una propuesta de retenciones segmentadas que la FAA le acercó al entonces ministro Miguel Peirano, en noviembre de 2007, cuando aumentó la alícuota de retenciones del 27,5 al 35 por ciento.
Los pequeños y medianos productores, la agricultura familiar, necesitan imperiosamente de una alianza con la sociedad, la política y el Estado para poder sobrevivir. Sin esa alianza de sociedad, política y Estado, los pequeños productores no podremos sobrevivir a la globalización e industrialización de la agricultura. Y las retenciones segmentadas pueden ser un instrumento de mucha importancia para que la diferenciación positiva sea posible.
Nuestro país puede prescindir de nosotros desde el punto de vista productivo, ya que se pueden sembrar y cosechar los ciento 177 millones de hectáreas cultivables con un par de miles de Grobocopatel. Pero somos imprescindibles desde el punto de vista económico, social, demográfico, ambiental. Algo que hemos repetido hasta el cansancio en estos 120 días. Sin los pequeños y medianos productores, la agricultura puede transformar a nuestro país en un desierto verde y profundizar las migraciones rurales internas, concentrando millones de personas alrededor del Obelisco, y en los cordones de pobreza de ciudades como Córdoba o Rosario.
Por eso, debe profundizarse la segmentación y ampliarla a los medianos hasta las 1.500 toneladas. Ése es el camino, no el de los pools y megaproductores del lustro kirchnerista.
La peor de las injusticias de una política económica es tratar como iguales a los que son profundamente desiguales, como se hizo en estos casi seis años con las retenciones, la política lechera, la ganadera, la yerba mate, la caña de azúcar, la vid, las frutas y hortalizas. Ahora, tras más de cien días de lucha, se pudo demostrar lo correcta y abarcativa que fue la consigna que siempre sostuvo FAA: que pague más quien más tiene. Ojalá todos hayamos entendido este mensaje que se envió desde el interior profundo, para que haya un Estado activo que proteja a los más débiles de la voracidad de mega empresas de la agricultura industrial. Y esta política de diferenciación no puede tener vencimiento en el tiempo sino que debe ser constante y permanente.
Para terminar, es imperioso que nuestra gente vuelva a creer en el Estado y la política. Para esto, ayudará que los reembolsos lleguen en tiempo y forma al bolsillo de los productores. Que el mecanismo escogido sea ágil y que los diputados Agustín Rossi y Alberto Cantero, caras visibles del Gobierno en el reciente debate parlamentario, se constituyan en garantes de que esto sea así. Lo peor que le podría pasar a este país es que las promesas traducidas en leyes no se cumplan; entonces ya nadie podrá ejercer el poder de convocar desde el lugar de la política a resolver los conflictos, y será un terreno propicio para que los violentos y antidemocráticos cultiven el corazón del país.
* Secretario de Relaciones Internacionales de Federación Agraria Argentina.