Diego Genoud y Rodolfo González Arzac
30.07.2008
Jorge Rulli: “Nadie toca ni la sojización ni el monocultivo”
Alos 69 años, Jorge Rulli ya vivió varias vidas. La suya es una historia en la que el peronismo y el campo son sus grandes obsesiones. Se integró a la JP cuando tenía 15 años y a los 20 cayó preso por primera vez, en tiempos de Frondizi y el Plan Conintes. Formó parte de la Resistencia Peronista, creó las Fuerzas Armadas Peronistas y compartió su militancia con dirigentes como John William Cooke, Gustavo Rearte y Envar El Kadri.
En la última dictadura, estuvo cinco años preso y se exilió en Suecia. A su regreso, trabajó en el área de biodiversidad de la Secretaría de Agricultura, donde fue dirigente sindical. Hace 10 años creó el Grupo de Reflexión Rural. Hoy difunde su pensamiento a través del programa Horizonte Sur, que se emite los domingos a las 11 por Radio Nacional.
–¿Hay algún nudo que ni las entidades agrarias ni el Gobierno hayan tocado a lo largo del conflicto?
–Lo que no tocan es la sojización y el modelo de monocultivo, biotecnológico y agroexportador. Las respuestas que el Gobierno le dio a la crisis, como las tarifas diferenciales para las largas distancias, extienden el modelo a provincias lejanas. Habrá soja hasta en Catamarca. El INTA sigue diseñando variedades de soja (ya hay 40) y a eso se le agrega el gen RR, de resistencia al herbicida, de Monsanto. Ya soportan la sequía y están ensayando una soja que se va a poder cultivar en salinas y otra resistente al frío para la Patagonia.
–¿La soja es nociva como monocultivo o en sí misma?
–Nociva como alimento y muy nociva como monocultivo. Cultivar soja es criminal. En Entre Ríos, a una sojero rico le nació un hijo sin un brazo y el tipo dijo que no tenía sentimiento de culpa. “Va a tener un brazo menos pero dos millones de dólares, que yo le voy a dejar.” La siembra directa es muy interesante –nosotros la propiciábamos–, pero acompañada de fuertes dosis de herbicidas es una catástrofe. Los técnicos calculan que de cada cinco camiones de soja que se exportan, uno es suelo, fósforo, materia orgánica, potasio. Eso no se recupera. Los sojeros son conscientes de que les quedan diez años por delante. El Gobierno tiene un discurso contra la soja y una política de Estado a favor de la soja. No sé si no lo ven o es parte de un simulacro.
–¿El concepto de oligarquía sirve para entender el
conflicto?
–Creo que nos confunde. Los Grobocopatel escaparon de las aldeas de Rusia en el siglo XIX e hicieron mucho dinero aquí vendiéndole a la dictadura militar. Grobocopatel fue ocho años profesor de Suelos en la Facultad de Agronomía: formó a la gente que ahora trabaja para él. Por eso los agrónomos dicen que la soja transgénica no trae riesgo y que el suelo se deteriora pero funciona con fertilización. Es el ideólogo, un cuadro total, de formación marxista. Hay una película que se llama Reverdecer donde Grobo dice: “Este modelo es una revolución, pero tiene perdedores. Alguien se tiene que ocupar de los perdedores para que no se conviertan en fundamentalistas y se nos vuelva en contra. Debe ser el Gobierno y no lo hace”. Ellos disputan y el Gobierno se tiene que ocupar de los que se van cayendo para que no jodan.
–¿Y dónde estaría la nueva oligarquía?
–Para mí, está en Grobocopatel y en Urquía, con el Gobierno, en los frigoríficos, en el supermercadismo. En los fondos de inversión que van a permitir que sobrevivan sólo los sojeros que se ligan al exportador, que llegan a acuerdos, como todos los pequeños sojeros que se van ligando al fondo fiduciario de Grobo.
–¿Qué pretenden las entidades agrarias?
–Defienden un modelo de país rentístico asociado a los exportadores que produce materia prima y mercancías. Los veo como muy primitivos, defendiendo cosas gorilas, del 55. Sólo la Federación Agraria elabora pensamiento.
–¿Qué debería hacer un gobierno que quisiera revertir esa
situación?
–Primero, controlar la frontera. La mayor cantidad de divisas se nos van por una frontera desvalida y permeable. El Gobierno no sabe ni cuántos son los barcos que se llevan la soja. Cargill, Bunge y Dreyfus se están llevando lo que quieren y hacen una declaración jurada cualquiera. No hay una política agropecuaria pero sí hay una política de Estado para la exportación. Estamos discutiendo por las migajas.
–¿Por qué la Federación Agraria converge con la Rural?
–Ellos dicen que el Gobierno los obligó. Estuvieron dos años golpeando las puertas de la Secretaría de Agricultura para que les dieran una subsecretaría de Agricultura Familiar. La mayoría de los piquetes que más duelen los mantuvieron solos. La Sociedad Rural no existe. No entienden que la cantidad de ricos que ha producido la soja es muy grande. Es una fiebre del oro que les hizo ganar como nunca. Recorrés las provincias y es todo bando del campo. El kirchnerismo no existe.
–¿La Federación sigue representando a los pequeños?
–El pequeño desapareció. Quedan los pequeños productores de los grandes, que ya sin capacidad de comprar maquinaria agrícola viven en el pueblo con la renta del campo. Subsidian un tambo con soja mientras esperan la oportunidad para la leche. Pero no la tendrán mientras el Gobierno cierre negocios con La Serenísima.
–¿Cómo actuaron los medios en este conflicto?
–Clarín no puede disimular sus intereses. A Héctor Huergo, de Clarín Rural, lo conocí en los 70, cuando era la cabeza del trotskismo en la facultad de Agronomía. En los 90 se hizo menemista, sojero y fue presidente del INTA. Ahí se crea el Canal Rural, Clarín Rural y los suplementos rurales de todos los diarios de la Argentina. La línea de Huergo, sojera, está en todos los medios del país.
“Profundizaron el modelo menemista”
Para Jorge Rulli el conflicto agrario reavivó un debate sobre la reinterpretación del peronismo.
–Kirchner recuperó viejos camaradas de montoneros que hacía 30 años estaban afuera de la política. Hay un ensamble entre las viejas lealtades y los intereses de las corporaciones. El funcionario tipo del kirchnerismo es un viejo militante de los 70 que después no hizo más nada o se dedicó a hacer negocios, como el embajador (Carlos) Bettini. Le deben todo a él y tienen la disciplina de las viejas nostalgias.
Hay una coherencia en ellos. No ven el bosque, ven situaciones particulares ligadas a enfrentamientos de clase. No niego que existan y que una parte importante de lo que era la oligarquía creó el agronegocio. Dicen que discuten proyectos de país, pero operan sobre el mismo proyecto que los sojeros. No se proponen desmontar el modelo del agronegocio porque les dio mucho dinero para el clientelismo. Ellos no lo generaron, lo recibieron del menemismo, pero lo profundizaron y le encontraron un costado de izquierda.
Periodista: DIEGO GENOUD
Pedro Cerviño: “El conflicto fue casi un disparate”
Pedro Cerviño es bastante más que un tucumano que nació hace 55 años en la capital de provincia, que tuvo una granjita en los valles calchaquíes donde se dedicaba a las semillas de alfalfa y a los plantines de frutilla, que hoy sólo conserva unas colmenas en San Pedro y vive en Flores, que dedicó sus esfuerzos en los últimos treinta años a la militancia social, que estuvo preso seis años durante la dictadura por formar parte del Peronismo de Base y que renunció a la Federación Agraria Argentina en medio del largo conflicto rural.
Cerviño carga con una responsabilidad importante: es el coordinador de un movimiento que integran 900 organizaciones y representa a unas 180 mil familias campesinas agrupadas en el Foro Nacional de Agricultura Familiar. Son productores que, con el 13,5% de las tierras cultivables argentinas, contribuyen con el 20% del Producto Bruto Agropecuario, juntan fuerzas detrás del Foro y sobreviven en un modelo económico que –dice Cerviño– sigue favoreciendo la “concentración”. Son hombres y mujeres de tierra adentro que apenas fueron mencionados en los 125 días de vida de la resolución 125.
–¿Por qué no se escuchó la voz campesina en los últimos cuatro meses?
–No somos muy mediáticos y no estamos saliendo todos los días a decir qué es lo que necesitamos. Estamos discutiendo dentro de la Secretaría de Agricultura las políticas públicas que consideramos necesarias para el sector. Sostenemos ese espacio de diálogo. Ellos tomaron nuestra propuesta para hacer un registro de quiénes son los agricultores familiares de todo el país para tener un instrumento transparente a través del cual se pueden ejecutar políticas públicas. Junto al reemplazo de Javier de Urquiza se ha designado finalmente al titular de la Subsecretaría de Desarrollo Rural y Agricultura Familiar, cuya creación fue una propuesta del FoNAF. Esperamos que desde allí puedan implementar políticas diferenciales para el sector de la agricultura familiar, los verdaderos “pequeños productores”·
–¿El conflicto los benefició? ¿Ayudó a hacer públicos los problemas de los campesinos?
–El conflicto, desde mi punto de vista, no favoreció a nadie. Fue casi un disparate institucional, político y económico. Todo el mundo sabe que estamos perdiendo oportunidades. Fueron meses de discusión sobre cosas que se podían resolver con relativa facilidad. Y a partir del conflicto nosotros casi no hemos obtenido nada: lo único ha sido el decreto firmado por la Presidenta, el de la creación de la subsecretaría de Agricultura Familiar. Pero estaba su firma desde hacía tiempo atrás y hubiera salido de todas formas. Nosotros pensamos que hay que hacer propuestas y hay que discutirlas en ámbitos institucionales. Las medidas de fuerza son legítimas y necesarias. No descarto ni reniego de ellas. Pero uno tiene que hacer todo lo posible para llevar sus propuestas de manera institucional. Este país necesita serenarse y ser más serio institucionalmente.
–¿Cree que el Gobierno y las entidades discutieron los problemas de fondo?
–Los problemas de fondo son otros. Nosotros queremos una reforma agraria integral y garantizar la soberanía alimentaria. Probablemente el Estado no está en condiciones de hacerlo y tampoco tenga la voluntad. Pero si asume algunas propuestas, aunque sea mínimamente, es un paso. Por ejemplo: el cambio de modelo de desarrollo agrario. Si queremos soberanía alimentaria hay que impulsar una política activa que permita a los agricultores tener mayor capacidad productiva. Y eso significa no sólo mayor extensión cultivada sino también agregar valor a la producción primaria.
–¿En el campo rige un liberalismo extremo como en pocas áreas de la economía?
–Absolutamente. En este país cualquiera que tenga la cantidad suficiente de dinero en el bolsillo compra toda la tierra que quiere en el lugar que se le antoje: en zona de frontera, en zona de naciente de ríos, donde se le ocurra. Y esto que pasa acá no pasa en países capitalistas desarrollados, que tienen normas que restringen la concentración.
–¿Quiénes son los verdaderos pequeños productores? ¿Qué características tienen?
–Lo que pasa es que el término “pequeño productor” es muy ambiguo. Nosotros tratamos de saldar la discusión sobre quién es pequeño productor con la terminología de agricultor familiar. Y nos referimos al agricultor en términos amplios: agrícola, ganadero, pesquero, artesano, recolector, todo lo que tenga que ver con los recursos del suelo. Algunos piensan que no puede tener empleados pero eso es también condenar a la pobreza al agricultor familiar. Nosotros fijamos escalas de productores que van desde quienes apenas subsisten hasta quienes ganan el equivalente a unas diez canastas básicas mensuales.
–¿Existen productores chicos para los que la soja ha sido un salvavidas?
–Sí, claro. La soja vino a resolver períodos de mucho malestar y pobreza como en la década del 90. Los pequeños productores que siembran soja en la pampa húmeda son los que sobrevivieron sin perder su predio durante los años 90. Nosotros no vamos a condenar al tipo que tiene 50 hectáreas, siembra soja, y le va bien. Lo que pensamos es que es necesario tener diversificación, un manejo de la soja adecuado en términos agroecológicos. Está claro que casi el ciento por ciento de la soja en la Argentina se hace con siembra directa y que se usa todo el paquete tecnológico de Monsanto y compañía. Y eso es terrible. La parafernalia de productos químicos produce trastornos en la salud y degradación ambiental. Hay que hacer un esfuerzo para limitar el radio de la soja: una cosa es la pampa húmeda donde los suelos resisten bastante y otra Santiago del Estero, Salta o Chaco.
–En un documento reciente ustedes subrayan que ser agricultor familiar es una forma de vida. ¿Qué quieren decir exactamente?
–Eso quiere decir que hay una relación con la tierra y el medioambiente muy cara a la familia rural. La familia rural lo que menos quisiera es dejar su lugar y su trabajo. Cuando lo deja es porque es insostenible. La actividad productiva no es un negocio ni una especulación comercial. Es una actividad que se desarrolla poniendo toda la iniciativa y la dignidad humana. Cuando uno está en el campo la relación que tiene con el suelo, con la planta que crece, con los animales que cuida, con el monte, con el agua, es una relación de seres vivos que viene de la historia, y si se trata de pueblos originarios es más claro aun: ellos consideran la tierra como algo que los contiene, no como un bien intercambiable.
Un “punto de tensión” con Federación Agraria
Pedro Cerviño se fue de la Federación Agraria en medio del largo conflicto entre el Gobierno y el campo por la resolución 125. Con su retirada quedó vacío el departamento de Desarrollo Rural que integraba a los campesinos a la institución presidida por Eduardo Buzzi.
–¿Por qué dejó su puesto en Federación Agraria?
–Llegó un punto en el cual la tensión entre nuestras organizaciones y la Mesa de Enlace, integrada por la Federación Agraria, era muy fuerte. De esa tensión proviene la resolución que yo digo que fue tomada de común acuerdo de separar todo este sector de la gestión de la Federación Agraria Argentina. Las organizaciones sentían esta confusión y la propia Federación Agraria la sentía porque presionaba un poco para que se saliera a la ruta, para acompañar la medida de fuerza. Creo que los intereses de los agricultores familiares fueron progresivamente dejados de lado por la Federación Agraria en un conflicto centrado en el problema de la resolución 125. Son muy pocos los productores que participan del Foro que siembran soja y girasol.
Periodista: Rodolfo González Arzac