
Hace unos días Carlos Tajer, “cardiólogo eminente” dirían las jergas médicas pero antes un tipo más que interesante, presentó un libro que se llama El corazón enfermo. Puentes entre las emociones y el infarto. El trabajo explora con alguna audacia ciertas articulaciones entre los mundos de la biología, de la evolución, de las “emociones” de los animales y de las otras emociones que creemos exclusivamente humanas. Para explicarlo mal y conciso: así como ciertos gusanos apretados entre un índice y un pulgar se automutilan y sobreviven de a mitades creyendo ser víctimas de un depredador, del mismo modo los primates sufren su estrés particular: tanto en machos como en hembras las relaciones de sometimiento o exclusión respecto de los alfas producen un aumento de la ateroesclerosis.
Una frase tanguera del libro condensa la idea-puente entre emociones e infarto: “Hay palabras que hieren mucho más que los golpes, y ésta no es una expresión metafórica: para el organismo, se trata de una herida verdadera”. Mi hipótesis de la contratapa de ayer era que quizá no debamos tomarnos tan a la ligera la teoría de la aguja hipodérmica.
Mi hipótesis de hoy es que los medios nos enferman, que las heridas que provocan son verdaderas. Que por otro lado es lo que dicen nueve de cada diez vecinas de barrio. –Ay, no pongo las noticias porque me hace mal.
Mi hipótesis de ayer-hoy sería más o menos así: seguramente una emisión de Gran Hermano es inocua para el organismo. Lo mismo cinco emisiones al hilo y también un ciclo entero de Bailando por un sueño más un semestre de Indomables. Tres a cinco años de TV consumida en el interior de una batisfera puede que resulten perturbadores. Seguramente se sobrevive.
La pregunta es más macro: qué le pasa al pacientehumanidad tras décadas y décadas y décadas de medios de comunicación masiva, el ciclo largo, la suma histórica. Hay trabajos puntuales sobre los efectos de tal programa o las manipulaciones que pueda perpetrar tal cadena noticiosa. Dudo que haya estudios que hayan abordado el ciclo amplio del impacto cultural a largo plazo de los medios en la sociedad humana. Dudo que se pueda encarar semejante empresa. Dudo que haya ciencia suficiente para tamaña enormidad. Pero tengo ganas de concluir: debe ser una auténtica porquería lo que sucedió con nosotros. Digo más, digo una antigüedad, digo que la humanidad se hizo más imbécil.
Ejemplo cualquiera. Ejemplo primitivo entre mil millones de ejemplos usables a la hora de charlar sobre estas cosas. A gusto personal, tras tantísima barahúnda mediática, el conflicto con el –ejum– campo cerró con un triunfo de valores idiotas, conservadores e insolidarios. El individualismo y la lógica de la ganancia versus la posibilidad de pensarnos como un colectivo. Un ideario medieval de “Patria” y Luciano Miguens aupando a la virgen de Luján –viejo y peludo Ser Nacional, de López Rega al Proceso– versus la enojosa presencia de un Estado al que se le piden las proezas, pero al que se le niegan los recursos. Y luego subproductos. Progresivamente más chiquitos, superficiales, mediocres, efímeros. La santidad de Cobos, la construcción de Cobitos Presidente, el radicalismo en plegaria: Cobos Salvación.
A falta de constatación científica permitan ustedes seguir arriesgando: casi un siglo de medios de masas y estamos más idiotas, aturdidos, tontolones. ¿Medios y política? Una pista, algo dicho sobre la campaña electoral norteamericana y reproducido en este diario por Gabriela Esquivada: “Los candidatos no ganan las elecciones porque demuestren una pericia sustantiva en política, sino por su pericia táctica en el manejo de los medios”. Ése es nuestro modelo, nuestro literal Norte. Nada que no se arregle con un emotivo homenaje 11-S. Ahora eso sí: lo que reproducen los medios en lugar de representar al Mundo es ese planetita cada vez más pequeñín de política adaptada a los medios que al regreso piden que se adapten más, y la industria de los medios fingiendo modestia y anorgasmia respecto de su poder, y todos juntos diciendo cada vez menos y cada vez más lo mismo, y los medios cada vez más nutridos no de Mundo sino de ellos, los medios. Una cosa, se sabe, endogámica. Y de la endogamia, decíamos en el barrio, ¿qué sale? Salen mongólicos, mongólicos con ene, nene. Porque los medios enferman.
Medio siglo de comunicación aislante, enfermante, crispante, empelotudeciente.
Estoy hecho una vieja. El domingo pasado, con sufrimiento, pero con hidalguía, tuve que llevar a mis mellis al Gran Rex para que vieran Casi ángeles. Qué le hace una mancha más al tigre; no me doy por vencido. Tienen 14; ya les pedí autocrítica sobre eso que me hicieron para cuando tengan 17. Ya van a ver.
IMPORTANTE: Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pausibles de las sanciones legales que correspondan. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del REGLAMENTO será eliminado e inhabilitado para volver a comentar.
Sobreteve: No opino sobre el campo. Afirmo, porque soy uno de esos productores agropecuarios chicos, en blanco, que sufren a este gobierno. Evidentemente vos no sabés lo que es que tu laburo se lo lleve la sequía o la inundación y, encima, que se te haga casi imposible seguir porque al gobierno no le importe. Que luego en la TV se haga uso del reclamo justificado del productor, es otro tema. Eso no habilita a usar este ejemplo para una nota tan buena, descalificando al problema, no a su uso en la TV.
Sigo con la metáfora médica: el hombre se va haciendo autoinmune a los medios. Filtra, procesa, digiere, excreta y sigue morfando. Algunos quedan en el camino. Pero insisto, como le dije a Facundo en un comentario de la parte I de esa nota: estamos grandes para creer en monstruos. Hablan de los medios como si fueran una entelequia inabarcable y de un origen desconocido. Y los medios están integrados por personas y los inventaron las personas, porque creyeron que iban a sernos útiles. Y son útiles, porque las usamos. Y sobre todo porque esta discusión se está desarrollando en un medio. Y estamos participando de la construcción de un contenido en un medio. ¿Y entonces? ¿A quién hay que crucificar? No me queda claro.
La nota re-buena.Estudié medicina y un poco de comunicación social(me aburrió),y es así de cierto como lo planteas al tema.Como escapar a la imagen que golpea y produce dolor, angustia, PARANOIA, si se bombardea con lo sanguinario como si fuera noticia,y de la ESQUIZOFRENIA con los dobles discursos,todo el tiempo.Ahora para que alguien entienda sobre lo que decís del campo, mínimo debería saber algo sobre la lucha de clases, sinó, seguimos en pequeñeses .igual creo que la comunicación de masa nacida con la revolución industrial va por el camino hacia donde lo conduce el régimen que le da origen.Igual esto que decís hay que seguir diciendolo, tan bien como lo haces e insistir sobre el tema de la enfermedad.El hombre se alimenta con lo que ve, escucha, come,etc.como digerir,metabolizar, tamaña miserabilidad,de falsos líderes,de cortos tiempos,de pura vanidad, por que no hay uno que piense en el conjunto, los verdaderos no aparecenen en ningun medio.scutu2005@yahoo.com.ar
EDUARDO: ANTES DE OPINAR DEL CAMPO, ANDA AL CAMPO Y CONOCE LOS PROBLEMAS. AH! SE TE OLVIDÓ HABLAR DE LOS EFECTOS "TINELLI" EN LAS MENTES DE CHICOS Y GRANDES
PARTE II: “…pensarnos en colectivo” debería incluir que no se puede impedir producir para seguir gastando mal, que ESTE Estado es socialista en la ganancia –aunque no exista, como pasa con buena parte del campo, hoy más que antes- y capitalista en la pérdida –si hay sequía, o el costo aumentó 80%, o se quita al productor una parte ridículamente alta del ingreso no para hacer proezas sino para favorecer la concentración, no importa, es tu riesgo-. El EstadoK no grava la renta financiera pero sí la que, con suerte, tenga quien se arriesga y produzca. Lamento que un análisis tan bueno, sobre algo tan trascendente, derrape por endogamia en los ejemplos. No sorprende que tantos comentarios sean visiones Boca-River, cultura de la barra, sin conciencia crítica, masificación tonta. Y para el señor que dice que esta es la primera idea que ve en este diario, le diría que en todos los diarios las hay, aunque no le gusten, aunque sean sandeces. Las sandeces, por omisión, también son ideas.