
A principios de mes, Martín Caparrós publicó en este diario “Votos cantados”, un artículo donde, básicamente, fijaba posición en torno a dos cuestiones: que los columnistas políticos deberían comunicar a quién votan y que él lo hará por Pino Solanas. “Creo –me pongo serio, pienso en subirme al banquito, el pudor o el vértigo me frenan– que todos los que tenemos la suerte y la desgracia de poder publicar nuestras opiniones en los medios tenemos la obligación de decir qué vamos a votar para que quienes nos leen o nos escuchan sepan desde dónde les hablamos (…) Y creo que ustedes, señores y señoras, deberían (…) escribir a sus columnistas amigos, llamarlos, presionarlos, convencerlos de que si no dicen qué opción van a votar, perderán toda legitimidad –o la poca que tengan– y ya nadie va a querer escucharlos”.
Pocos días después, Pablo Alabarces, colaborador de Crítica de la Argentina desde una contratapa, se congratuló de la idea de Martín Caparrós. En su texto afirma que “Martín desafió a los columnistas y ‘opinators’ políticos de los medios argentinos a hacerse cargo de sus elecciones, a confesar a quién votarán”. Más adelante, Alabarces, profesor de Cultura Popular en la UBA, agregó que él, al igual que Caparrós, votará a Solanas, aunque “preferiría una especie de Frente Amplio Uruguayo que incluyera a toda la izquierda: sé que Solanas lo intentó, allá por 1995, con el Frente Grande. También sé que es casi imposible, pero por las resistencias del resto de la izquierda. Entonces, aquí me quedo. Y además, Solanas es uno de los tres mejores cineastas de la historia argentina, junto a Leonardo Favio y nunca me acuerdo quién es el tercero”.
Los dos textos contienen aseveraciones con las que discrepo. En principio, no parece necesario lo que Martín Caparrós demanda con tanta vehemencia: la visión que del mundo tienen los periodistas políticos está destilada, lo quieran o no, en cada uno de sus artículos. No hace falta la declaración de ninguno de ellos para saber de qué lado de la barrera ideológica se ubica. Está claro como el agua quién abreva en las fuentes de la derecha y quién en las de la izquierda. La ideología es inocultable, es el genérico que percibe el lector, más allá de los nombres de fantasía con que se presenta: PRO, Coalición Cívica, Frente para la Victoria o, del otro costado de la calle, MAS, PTS, PO. ¿Hace falta algo más que esa gran línea divisoria, lo permanente contra lo contingente, los partidos de hoy que serán diferentes a los de mañana, la elección de 2009 que será distinta de la de 2011?
Alabarces recurre a dos palabras fatídicas: “desafío” y “confesión”. ¿Cómo se traduciría ese “desafío”? ¿En algo así como “decí a quién vas a votar, si te animás”? ¿“Confesar”? ¿Qué y ante quién? ¿Por qué motivo debe una persona ser “desafiada” a “confesar” qué boleta introducirá en la urna? ¿Y si postulara la abstención, tan legítima como ilegal? No hace falta que Caparrós “confiese” que apoyará a Solanas, porque para entrever que ésa era una posibilidad alcanza con haber leído La voluntad; tampoco resultaba imprescindible la misma “admisión” –para seguir con la terminología anterior– por parte de Alabarces: la declaración de que Leonardo Favio y Solanas son, a su juicio, los mejores directores de cine de la historia argentina lo exime de mayores “confesiones”.
Yo, que no sé aún qué lista tomaré en el cuarto (nunca lo bastante) oscuro, si es que resuelvo elegir una, sí estoy segura de que abomino del cine de Leonardo Favio, y no me interesa el de Solanas (pistas que hacen a mi ADN ideológico) y tampoco contribuiría a su candidatura. El cambio que el dirigente de Proyecto Sur introdujo a la versión original de La hora de los hornos, sustituyendo la foto fija de Ernesto Guevara con que terminaba el film por la de Perón e Isabel, luego del regreso de éstos al país, en 1973, es la primera de las muchas razones de que me impiden hacerlo. Y no por los protagonistas de una u otra foto. Cada cual es libre de admirar a quien quiera. Se trata de una diferencia intelectual –profunda, insalvable– con el método.
Por lo demás, en el trabajo de Alabarces se dice que:
“...preferiría una especie de Frente Amplio uruguayo que incluyera a toda la izquierda”. ¿Está seguro Alabarces de que el Frente Amplio incluye a toda la izquierda uruguaya?
Y matiza: “También sé que es casi imposible, pero por las resistencias del resto de la izquierda”. ¿El “resto” de la izquierda? ¿Solanas es la izquierda y todo lo demás es “el resto”? Tengo mis dudas. Respecto de las inclinaciones estéticas de Alabarces y sus opciones cinematográficas nada tengo que discutir. Gustos son gustos.
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A la maula. Susanita si que se las trae eh! A ver muchachos si son capaces de salir de este atoyadero. Susana les ha recordado que no es saludable dormirse en los laureles o andar diciendo cosas a la ligera porque a uno se le ocurren. Que lo parió, me encantó este planteo, y mirá que yo soy admirador de Caparrós y de Albarces, y me había parecido correcto el planteo de martín.
Me resulta, cuanto menos curioso, que todos los que votan a la derecha escondan su voto. Da vergüenza acaso que lo señalen como un turro? Vote al PRO señora, despés podrá decir tranquila: "Yo no lo voté":
Este artículo no destila nada, ni una miserable idea... un espacio destinado a una destilación que no produce nada... o que produce solamente su propia propaganda... Mejor si prueba trabajar...
La autora es contradictoria. Dice que no hace falta explicitar el voto pues esta implicito en el discurso. Cuando le toca fijar su posición hace explicita su posición indecisa y aclara (lo cual el lector debería interpretar según la destilación a la que aduce) entre parentesis cuales son las pistas que hacen a su ADN politico. En que quedamos? lo decimos o no?
Solanas ¿que hizo durante los cuatro años que fue legislador? NADA DE NADA......PERONISMO ESTATIZANTE Y CORRUPTO.