
De Narváez y Solanas están en las antípodas ideológicas. Pero tienen la misma necesidad de buscar aliados.
Con el fantasma del regreso del bipartidismo, algunas agrupaciones partidarias decidieron apurar sus tiempos internos. Aunque no se resignan a dar la pelea para evitar que se apruebe el proyecto oficial de reforma política, el PRO, Unión Celeste y Blanca, Proyecto Sur y el Movimiento Socialista de los Trabajadores –que se verían perjudicados por los nuevos requisitos para competir por la Presidencia en 2011– ya están delineando estrategias para no quedar fuera de la carrera presidencial. Los rebusques van desde fusionarse con otros partidos para aumentar su número de afiliados y la representación en otros distritos hasta recorrer el país con el objetivo de profundizar el armado nacional, o, incluso, participar de la interna del PJ.
Si el Congreso sanciona la iniciativa oficialista sin introducir modificaciones en el piso de afiliados, sólo podrán constituirse como partidos de distrito quienes presenten afiliaciones que representen el cinco por mil del padrón general de la correspondiente jurisdicción. Para poder participar de las elecciones nacionales, las agrupaciones partidarias deberán contar con el uno por mil del total de electores del país (27.898) en, al menos, cinco distritos.
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Para afrontar la crisis y la violencia en aumento, la cuestión a la que es preciso encontrar una respuesta práctica es esta: cómo dotar de fuerza a las instituciones para hacerlas capaces de contener lo que se desborda, de sostener lo que se cae, de hacer ascender lo que se hunde. A los violentos desafíos que imponen la impotencia o las estrategias del poder, la sociedad sólo puedo hacerles frente apelando a mover su propia fuerza tranquila, haciéndola pesar en la balanza. No hay mejor respaldo para las instituciones. Si bien se mira, ese fue el camino a través del cual el Senado consiguió poder (y el vicepresidente pudo ser árbitro) a la hora de derogar la resolución 125. Se trata de reconstruir el Estado y su fuerza institucional y política, curándolo del parasitismo.
Si la reforma es para evitar candidaturas como la de de Narváez, sostenida por la guita y los medios y no por una base de afiliados militantes, pienso que es una buena reforma. Se tiene que encontrar el medio para que los partidos de izquierda no sufran la sangría. Que se unan. A mí, particularmente, me parece mal que Pino no se haya juntado con Sabattella y que los partidos trotskistas sigan siendo microentidades. Tampoco me parece bien que siga habiendo sellos de goma. Si el Estado tiene que bancar a todo el que se quiera postular sin seriedad, es natural que se ponga un límite. Pero también es cierto que tiene que haber posibilidad de formación de nuevos partidos. Ésto se puede discutir. Lo importante es que haya internas abiertas. Pero a tipos como de Narváez se le tendrían que poder cerrar los caminos de la política. Si llega a obtener algún cargo se pudre todo.
Para Elena: El Frente Grande existe, tiene representación en 17 distritos electorales, incluida la Capital Federal y sus afiliados, en tanto no manifiesten su voluntad de dejar de serlo, no son de los socialistas ni de ningún otro partido más que del propio Frente Grande. Soy el Secretario General del Partido en la Ciudad de Buenos Aires. Más info en www.frentegrande.org.ar o en www.frentegrandeciudad.org.ar
Al final la gorda tuvo razon cuando hizo de la CC un partido!, si no lo hubiera hecho ahora estaria con el culo entre las manos, tratando de ver como no desaparer!, jajajaja!, tanto que le criticaban el dialogo, tanto que le criticaron la creacion del partido! jajajaja!, es la que mas clara la tiene!
Alguien me puede explicar como es la situación del frente grande, que aparece como tercera fuerza en cantidad de afiliados y por lo que yo se no existe mas. La mayoria de esos afiliados se supone que deberian ser del socialismo o otras fuerzas de izquierda. Seguro que van a poner en venta el sello y no creo que repartan con la gente que aparece afiliada.